Tacones de prostitutas prostitutas barrio rojo

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Éramos creativas y teníamos sueños", dice Martine. Los hijos de Louise fueron llevados a un hogar de niños. Ella toma una de las fotografías, que muestran sus caritas sonrientes, de los estantes de una biblioteca antigua. Martine sigue vendiendo sexo. Ella dice que la pensión del Estado holandés por sí sola no es suficiente para vivir.

Louise abandonó el trabajo a causa de la artritis. Martine dice que le gustaría retirarse, pero no puede permitírselo. El documental la muestra en el trabajo, encaramada en un taburete en medias, portaligas y tacones aguja de charol. Los jóvenes que pasan por allí, algunos de ellos en despedidas de soltero provenientes del extranjero, se burlan de ella por ser vieja. Ella se ríe como lo hace con todo y dice que no le importa. Ella dice que los tiempos han cambiado: Deberían andar en bicicleta como los holandeses, en vez de beber todo el día".

Ella se especializa en esclavizar a hombres mayores. Parece que ha encontrado un nicho en el mercado del fetichismo. Sabemos cómo hablar con ellos y sabemos cómo hacerles reír también".

Martine dice que tiene suerte de estar viva: Enseguida llegaría el primer capricho: Fue una época en la que ganaron mucho dinero, lo que les enfrentó a los todopoderosos empresarios del sexo y al Gobierno. Tuvieron que cerrar su negocio, pero no sus muslos. Esta era nuestra vida y nos divertiamos", declaró Martine a la BBC en un reportaje. Su fama se disparó hace tres años con la publicación del documental sobre su vida 'Meet the Fokkens' Conoce a las Fokkens.

En , fueron colaboradoras habituales del programa 'Spuiten en slikken', que significa literalmente "Inyectar y tragar", donde resolvían las dudas que los espectadores tenían respecto al sexo y las drogas.

Pero el tópico de la 'vida alegre' que define con escasa justicia los barrios rojos del mundo se da la vuelta cuando recuerdan que en su adolescencia sus aspiraciones eran otras, no muy diferentes de las de cualquier chica de su edad.

Ahora se dedican a escribir su tercera biografía en los ratos libres que les deja la tienda, un pequeño comercio en el centro de Amsterdam donde venden postales, cuadros pintados por ellas y sus libros. Las ventanas empezaron a utilizarse como reclamo en el siglo XX. Hoy, existen unos escaparates donde prostitutas ofrecen sus servicios vestidas con ropa interior e iluminadas por luces de neón.

Holanda legalizó la prostitución en el año , y desde entonces, tienen que pagar impuestos y registrarse en la seguridad social. Después, las autoridades subieron la edad para ejercerla de 18 a 21 años. Pero estas medidas, pensadas para evitar abusos, no han dado el resultado esperado.

Los burdeles eluden sus obligaciones con Hacienda, los bancos evitan conceder préstamos y las aseguradoras regatean sus pólizas ante los riesgos sanitarios. La Fundación Geisha, que vela por los derechos de las prostitutas, les ayuda a reintegrase pero también les imparte cursos de autodefensa mientras ejercen.

Trabajan una media de 5 años aunque muchas no se retiran "porque se acaban acostumbrando a un alto nivel de vida". Y las tarifas… Un encuentro de 10 minutos, sale a 50 euros. Martine y Louise Fokkens posan en una calle de Amsterdam. Las abuelas gemelas del Barrio Rojo de Amsterdam Martine y Louise Fokkens, de 72 años, suman un siglo de prostitución en los míticos escaparates de la capital holandesa.

Tras un documental y dos libros, escriben ya el tercero. Barrio Rojo de Amsterdam.

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Ella dice que la pensión del Estado holandés por sí sola no es suficiente para vivir. Martine emite murmullos de aprobación mientras Louise canta una vieja canción sobre las familias obligadas a huir durante la Segunda Guerra Mundial.

Los hijos de Louise fueron llevados a un hogar de niños. Ella toma una de las fotografías, que muestran sus caritas sonrientes, de los estantes de una biblioteca antigua. Martine sigue vendiendo sexo. Ella dice que la pensión del Estado holandés por sí sola no es suficiente para vivir.

Louise abandonó el trabajo a causa de la artritis. Martine dice que le gustaría retirarse, pero no puede permitírselo. El documental la muestra en el trabajo, encaramada en un taburete en medias, portaligas y tacones aguja de charol.

Los jóvenes que pasan por allí, algunos de ellos en despedidas de soltero provenientes del extranjero, se burlan de ella por ser vieja. Ella se ríe como lo hace con todo y dice que no le importa. Ella dice que los tiempos han cambiado: Deberían andar en bicicleta como los holandeses, en vez de beber todo el día".

Ella se especializa en esclavizar a hombres mayores. Parece que ha encontrado un nicho en el mercado del fetichismo. Sabemos cómo hablar con ellos y sabemos cómo hacerles reír también". Martine dice que tiene suerte de estar viva: Me senté en la cama y sentí que debajo de la almohada había escondido un cuchillo enorme".

Le arrastraron la necesidad y su marido. Ella tenía 20 años, tres hijos y trabajo: El marido de Martine no tenía trabajo y Louise le ofreció limpiar las cabinas.

Tras llamar la atención de algunos clientes, cambió la escoba por los tacones de aguja. Después de hablarlo mucho, le pareció bien", recuerda Martine. Los años las hiceron inmunes a las burlas de los jóvenes que las comparaban con las veinteañeras del escaparate próximo.

No olvidan, en cambio, que fuesen sus vecinos quienes contasen "aquello" a sus hijos cuando todavía ellas no se habían atrevido a decírselo.

Ella nunca recriminó a su madre que parte de su infancia transcurriese en un centro de acogida. En su caso, la tolerencia viene en los genes. Tras el enfado y el rechazo iniciales, los padres de las gemelas las comprendieron o al menos asumieron su nueva vida: Durante años tuvieron tantos clientes que en los ochenta pudieron abrir su propio burdel. Enseguida llegaría el primer capricho: Fue una época en la que ganaron mucho dinero, lo que les enfrentó a los todopoderosos empresarios del sexo y al Gobierno.

Tuvieron que cerrar su negocio, pero no sus muslos. Esta era nuestra vida y nos divertiamos", declaró Martine a la BBC en un reportaje. Su fama se disparó hace tres años con la publicación del documental sobre su vida 'Meet the Fokkens' Conoce a las Fokkens. En , fueron colaboradoras habituales del programa 'Spuiten en slikken', que significa literalmente "Inyectar y tragar", donde resolvían las dudas que los espectadores tenían respecto al sexo y las drogas.

Pero el tópico de la 'vida alegre' que define con escasa justicia los barrios rojos del mundo se da la vuelta cuando recuerdan que en su adolescencia sus aspiraciones eran otras, no muy diferentes de las de cualquier chica de su edad.

Ahora se dedican a escribir su tercera biografía en los ratos libres que les deja la tienda, un pequeño comercio en el centro de Amsterdam donde venden postales, cuadros pintados por ellas y sus libros. Las ventanas empezaron a utilizarse como reclamo en el siglo XX. Hoy, existen unos escaparates donde prostitutas ofrecen sus servicios vestidas con ropa interior e iluminadas por luces de neón.