Adolescentes prostitutas condenado a años por marcar a prostitutas con un tatuaje como ganado

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Poco puede saberse de su vida, salvo que llegó hasta allí para matarse. Ayesha es un caso excepcional. Un hombre con nombre de mujer. Vestía como varón, su voz era delgado pero firme. Para el grupo era un homsexual de pies a cabeza; sin embargo, no se advertían en él actitudes o movimientos afeminados.

Tenía, si acaso, un leve aire de calculado refinamiento. Aparentemente estaba alienada, pues vagaba casi todo el tiempo por un mundo de ensoñación y abandono, aunque inesperadamente solía retornar al mundo que llamamos realidad, para convertirse en la voz de la conciencia de los suicidas.

Su vida es un completo misterio, y aunque su paso por el Club fue breve, éste fue luminoso e inspirador. La mayor parte del tiempo se la escuchaba tararear una vieja tonada. Con su mirada aparentemente perdida, y siempre abrazando su pequeño bolso de piel marrón. El aire de aparente solemnidad que se respiró durante la lectura del dichoso código, había desaparecido, y aunque la noche avanzaba, por el momento nadie tenía apuro, pues como bien dijo Marcos: En las miradas de los suicidas se reflejaba un dejo de tristeza.

Un aire de refinada melancolía que maquillaba magistralmente sus rostros de condenados a muerte. Sea este el de un hombre indolente, venal y deshonesto, o el de una persona fiel, gentil y honorable; o la mezcla de todo esto.

Si bien entre ellos, muchas cosas estaban por dilucidarse. Debes recordar que muchos nos cambiamos de nombre y por voluntad propia al llegar aquí. En mi caso anarquista, yo he roto con el mundo y con todo lo que me relacionaba con él.

André se toma un tiempo para contestar, el grupo estaba atento a su respuesta. Todo indicaba que no todos conocían sus razones. Padezco SIDA en fase terminal. El cómo contraje el VIH es asunto mío. El anarquista, respaldando su fama de villano, acomete a André con una aseveración temeraria e injuriosa:.

Nos lo hemos ganado. Pero temo anarquista, que para tí es muy difícil entender todo aquello que no se ajuste a tu prejuicioso modo de ver la vida. Pero mi pedimento, lo que yo siempre he considerado un derecho, fue rechazado.

Al igual que André, yo también respeto mucho a los homosexuales, y aunque no soy uno de ellos, respaldo su causa totalmente. Su progenitor era un hombre prejuicioso, machista y homofóbico, llevando esa intransigencia al extremo de obstaculizar todo acercamiento de Ayesha con su amante.

De quien primero oí esta frase fue de boca de André, y sus palabras fueron el preludio de un desenlace que limitaba entre lo alucinante y lo macabro. En otra parte de la conversación, Marcos es cuestionado por André sobre su pasado; tema sobre el cual no quiso hablar, y sólo se limitó a responder:. Entonces, el anarquista quiso saber de Marcos sobre sus motivos para matarse. Este tampoco quiso responder nada sobre el particular; ante lo cual, el anarquista dijo:.

Y con respecto a tu duda sobre si cumpliré o no mi pacto, no tengo ninguna prisa por complacerte. Dada la respuesta de Marcos, el anarquista apuntó entonces sus baterías sobre Alfonsina. Ella, como casi todo el tiempo, se hallaba ajena al mundo que llamamos realidad; tarareaba su canción y abrazaba su pequeño bolso de piel marrón.

Tales palabras podrían entenderse en un sentido o en otro, pero me temo que el anarquista no le prestó mucha atención a Marcos, pues hasta esos momentos él sólo se escuchaba a sí mismo. El grupo celebró discretamente la ocurrencia del anarquista, y Marcos adoptó una actitud de fingida vergüenza. El cura guardó silencio por unos instantes, me dió la impresión de que hubiese deseado pasar desapercibido en cuanto a ese tipo de preguntas.

Pero muy a su pesar, respondió:. El cura es un homosexual reprimido por su conciencia moralista. Es un pinche maricón que no se acepta, que desde su cómoda posición de pastor de….

El golpe fue seco, su cuerpo convulsionaba violentamente, sufriendo espasmos que lo sacudían de pies a cabeza. Su lengua quedó atrapada entre los dientes, y un hilo de sangre mezclada con espumosa saliva escurría por su mentón hasta empapar su pecho.

Nadie acertaba a hacer nada. Pero el drama era dolorosamente real. Ahí estaba un hombre atormentado por su demonio, tan invisible como real. Los segundos parecían horas. Marcos reacciona por fin, y sujetando con firmeza la cabeza del cura, introdujo con ayuda del anarquista un pañuelo cuidadosamente colocada. Daba la impresión de que Marcos sabía lo que hacía. Después de la tormenta la calma retornaba.

Empapado de sudor, con laceraciones y sangre en el rostro, tirado en el piso en posición fetal. Marcos y el anarquista, con la ayuda de Ayesha, lo llevaron hasta una cama en donde el cura fue presa de un sueño profundo y reparador. Nadie la cuestionó; en todo caso, sus razones tendría.

Este contesta con un gesto de enfado, pues el papel de interrogador se lo había apropiado para sí:. Siempre creí que la muerte no tenía nada que ver conmigo, y ya ves ahora….

La noche se hacía vieja y los suicidas seguían platicando de esto y lo otro. Por momentos abordaban temas muy ajenos al motivo de su reunión. Nos satisface creer en él cuando somos sumisos, derrotistas o cobardes, y no nos atrevemos a cambiarlo o a cambiar nosotros.

Y en lo que concierne a mi experiencia, él me hirió de dos maneras: En definitiva, el destino me estafó. Todos somos artífices de nuestras propias miserias.

Nosotros somos responsables y nadie nos debe nada. Esta respuesta, como tantas otras de Marcos, no podían interpretarse en sólo sentido; sin embargo, invitaban a la reflexión.

Le habían tendido un cerco infranqueable. Así me lo parecía. El cura estructura su pregunta de una manera muy inteligente, pues bien sabe que en el Club hay ateos, agnósticos, e incluso renegados de la fé cristiana:. El capítulo que tenía a Dios como protagonista se había agotado; y a su término, el anarquista dijo con enfado:.

Todos tenemos un aprecio especial, o predilección por una de ellas; es decir, por una palabra con la que nos identificamos, y en alguna medida, nos explica y nos revela. La relación entre estos dos conceptos cobraría gran relevancia en el desenlace de su drama personal. Esta alocución de Marcos la refiero tal como la escuché, o creí escucharla, pues durante las conversaciones que los suicidas tenían entre sí, no se me permitía escribir para nada. Yo he roto con el mundo y la maldita pila de mierda que hay en él.

Levantarte muy temprano, darte un baño con agua fría, y comenzar de manera productiva el día. El cura habló largamente, pero en suma, todo apuntaba a la idea de que el hombre con un nivel superior de conciencia, no subordina su voluntad al ciego poder del instinto o la estupidez. Discutes con tu mujer por el mismo motivo de siempre.

Esta escena se ha repetido docenas de veces. A la mañana siguiente nada parece haber cambiado. Conversaban en el amplio comedor, que hacía las veces de salón de sesiones del Club. El tono irónico e inocente de sus palabras revelaban lo cómodos que se sentían en esos momentos, ya sin la presión de la noche anterior, que fue polémica y maratónica. Entonces Marcos miró a sus compañeros, y como adivinando el pensamiento de éstos, alentó a su camarada en estos términos:.

Ya en la tarde, camina por la arena, siente en tu piel los tibios rayos del sol, y graba en tus ojos el bellísimo ocaso. Todo era una broma. Sus brazos y sus piernas estaban tan delgadas, que remedaban los esbeltos cuartos de un ciervo tembloroso. La ejecución fué desastrosa, pues lo que debió ser una tajada mortal, resultó en una herida profunda que causó una hemorragia fluída, aunque no de la cuantía que si el golpe hubiese sido certero.

La escena se tornaba dantesca. Sangre por doquier, gritos, confusión e histeria era el cuadro a primera vista. El cura sólo aportaba oraciones. Instintivamente Marcos intentó cohibir el sangrado, presionando la cara lateral izquierda del cuello de André tan sólo con su mano, pero nada consiguió. Te lo juro por mi honor. Sus labios parecían sonreír -o eso creí-. Siempre tuve miedo de enfrentar a mi demonio, pero algo me decía que podía vencerlo.

Era cuestión de honor. El anarquista y el cura charlaban en una pequeña sala aledaña al salón comedor, donde el resto de los suicidas platicaban en voz baja. Por unos instantes, tomé distancia mental sobre aquella escena, como suelen hacerlo quienes saben de pintura, al alejarse un poco para apreciar mejor un buen cuadro. Sentado allí estaba el cura. Lo cierto es que el cura era exactamente eso.

Por esta ocasión el anarquista pareció comprender la elocuente explicación del clérigo, aunque no se lo vió del todo convencido. Esto, en alusión a su maliciosa calumnia al llamarlo homosexual. El cura se notaba fatigado, y la fuerza de su voz disminuía.

O tal vez eres un maldito apóstata que al renegar de tu fé, no aguantas el remordimiento, y buscas con tu muerte la expiación de tu sucio pecado. Lo que van a escuchar nunca lo he dicho a nadie, y para mí es de la mayor importancia; sólo les pido que no se burlen de mí.

Marcos, quien hasta ese momento no había participado en la reunión, dijo, como intuyendo la naturaleza del fenómeno que estaba por desatarse:. Todo ocurría a una velocidad abrumadora, y muy poco antes de que las convulsiones comenzaran, el cura exclamó, mediante un esfuerzo supremo:.

Y al tiempo que esto decía, llevó hasta su boca una pistola que empuñaba en la diestra y se disparó. De éste, tomó una vieja y raída sotana negra con la que vistió a su compañero. Los minutos pasaban y en el aire flotaba un halo de inquietud, cuyo orígen era bien conocido. Por esa razón, cuando Marcos dijo:. Debo decir que soy un escéptico en materia de dogmas religiosos y esoterismo, pero lo que ocurrió esa tarde rompió mis esquemas por completo:. Un silencio sepulcral inundaba el escenario.

Una mezcla de pasmo y callado regocijo me invadió, y sospecho que al resto de los suicidas también. Ayesha se apartaba del grupo por períodos prolongados para escribir, lo que parecía ser un asunto muy importante para ella. Lo cierto es que cuando se comunicaban parecían preparar meticulosamente un plan, cuyo propósito no me era posible conocer en ese momento.

Un día me contaron sobre una obra en la que los dos enamorados no pueden unirse porque sus familias se odian; entonces, ella finge matarse para poder huir con su amante. La inocencia de su sueño conmovió a sus compañeros. No así al anarquista, quien impugnó ferozmente su deseo:.

Un adicto a causas perdidas. Él en sí es un desperdicio. Los suicidas habían explotado debido a su excesiva carga emocional; y a manera de catarsis se liberaron de sus tremendas tensiones largamente acumuladas. Ya terminada esta escaramuza verbal, Celeste quedó pensativa. Aquí no hay espacio para enemigos. Tan sólo somos marinos. El anarquista no pudo ocultar una mínima sonrisa. A mí me era difícil concebir que ese hombre tan lleno de amargura y enconos pudiese cambiar.

Sin embargo el anarquista pareció reaccionar, y dirigiéndose a Celeste, le dijo:. Ella no le permitió seguir hablando, pues ante el azoro del grupo, posó suavemente sus labios sobre la boca de él, haciéndolo callar. Al tiempo que esto decía, le sonrió al anarquista de tal manera, que se fortaleció mi sospecha de que entre ambos existía una compleja relación edípica subconciente. No lloraba, sólos se limitaba a mirar a Celeste, como resistiéndose a creer que todo aquello fuera real.

Era esta una descripción poética y casi exacta, del estado físico y emocional en que ella se encontraba. Por esta razón, la devolución de su cuerpo al seno del Club sería expedita. A su muerte, siguió una etapa de grandes cambios en el comportamiento del anarquista, pues el poco tiempo que la sobrevivió, desapareció en él la hostilidad hacia el grupo.

Era el medio día, y después de no ocurrir nada, salvo escuchar el ruidoso paso de las horas, Marcos se acercó hasta mí para preguntarme:.

No finjas inocencia Leo. Ella ingirió una dosis masiva de abandono, decepción y melancolía. Un mortal coktail por necesidad. Ayesha y el anarquista reanudaban sus proverbiales controversias, pero ahora en un clima de respeto mutuo y cordialidad. Libres ya los dos de sus etiquetas de contendientes.

Nunca encontré una pasión por la que valiera la pena vivir, pues sólo así concibo que se justifica andar por el mundo. Y créme Ayesha, tal pasión ya la he visto en otros. Aquí en nuestro Club nadie es dueño de la verdad. Ni siquiera estamos seguros de haya una verdad para todos. Apostamos nuestras vidas -o lo que queda de ellas-en lo que creemos.

Que las palabras valen por lo que significan para nosotros, y que algunas de ellas tienen su propio perfume. Pasaban los minutos y los suicidas seguían conversando relajadamente, y aunque no siempre con gran orden, sí con el mayor interés. Recuerda lo que dijo el cura: Este se aprestó para traer a casa a su compañera. Como si la noticia de la llegada de Celeste hubiese recordado a los suicidas una tarea urgente, estos se dirigieron a habitaciones diferentes de la casona.

Pronto fue conducida a un pequeño salón habilitado como velatorio. Hasta allí se encaminaron Ayesha y el anarquista. A Alfonsina no se la veía por el momento.

La llegada del cuerpo de Celeste pareció ejercer una especie de embrujo o fascinación en él, pues no se apartaba de ella. Después de haber visitado a Celeste por unos minutos, el grupo salió del recinto; excepto el anarquista quien permaneció a su lado. Pasaron muchos minutos sin que el anarquista diera señales de vida, y temiendo que éste pudiese cometer alguna locura, si es que puede haber una locura mayor que la de matarse Marcos y yo fuimos a averiguar qué sucedía.

Lo hallamos junto a Celeste. Ella cubierta tan sólo con el inmaculado manto de su desnudez, y él, concentrado en una extraña tarea, hecho que nos preocupó, e hizo que nuestras prejuiciosas mentes pensaran de manera aberrante. El anarquista estaba a un lado de ella, afanado en ejecutar algunos trazos en el vientre de la difunta.

En verdad quedamos estupefactos: El empedernido detractor le rendía homenaje a la prostituta, a la meretriz hermosa y melancólica ya olvidada por el mundo al que alguna vez perteneció. El anarquista había dibujado sobre el vientre de Celeste la figura de un niño acurrucado, como si descansara en el seno materno. A partir de ese hecho el anarquista ya no pronunció palabra. Literalmente estaba desapareciendo; de la misma manera que se hubiese desvanecido un rostro recién pintado en acuarela al poco tiempo de exponerlo a la lluvia.

En el Club se percibía un clima de desasosiego; pues los crispantes sucesos ocurrían uno tras otro con mortal rapidez. Yo estaba a un mundo de sospechar siquiera los perturbadores episodios que estaban por acontecer.

De pronto, Marcos convoca al Club o a lo que queda de él a la sala de reunión. Reconozco que todo aquello que dijeron de mí es casi enteramente cierto; excepto que nunca odié a nadie, y mi aparente petulancia y engreimiento no eran sino una pose defensiva, que nunca fue necesaria. Admito que me equivoqué con el cura, Ayesha, Alfonsina y Celeste.

El grupo lo supo todo el tiempo; yo recientemente. Él se ha disparado. Fue en la boca. Escogió ese sitio porque vió que en el cura fue de efectos fulminantes. No quiso fallar para nada. Ayesha, su irreductible adversario, parecía haber olvidado el suceso, pues al igual que Marcos y Alfonsina, se ocupaban en los preparativos de sus respectivos suicidios. Era ya la mañana siguiente después de lo acontecido con el anarquista; y Marcos, Ayesha y Alfonsina, se disponían a tomar un frugal desayuno.

El procedimiento era, a decir de Marcos,muy barato, productivo, y de enorme utilidad en jardines de casa e incluso en habitaciones. Discutieron con mucho interés sobre el beneficio que la técnica de la hidroponia significaría para países pobres y con problemas de aridez y falta de agua. En este punto de la conversación me quedó completamente claro que sería Ayesha la siguiente en morir, y que sería ese mismo día.

El líder del Club repitió, con un toque de fina ironía, las mismas palabras que Ayesha pronunciara cuando se le preguntó sobre su suicidio. Marcos, como era habitual en él cuando quería estar a solas con alguien, me indicó, con una señal apenas perceptible, que me alejara. Era una bonita habitación que yo no conocía, muy amplia y ricamente decorada con artesanías del Istmo de Tehuantepec.

Muy poco fue lo que nos platicó sobre su relación amorosa; sin embargo, nadie podía dudar que Ayesha era una amante fiel. Era Michelle, un apuesto varón de edad similar a la de ella. Al reverso de la foto le prodigaba encendidas palabras de amor. Ayesha estaba sentada en un sillón de piel, en tanto, Marcos quien permanecía de pié, la escuchaba con atención. En un momento, Alfonsina, ya reconectada al presente, se acercó hasta ellos.

La tenue y azulosa luz del cuarto le daba un aire calculadamente evocador a la escena. Y como si estas palabras fueran la señal esperada, Ayesha apuntó con una filosa daga directo a su corazón, al tiempo que decía:. Marcos me pidió que saliera, pero antes de abandonar el lugar, pude percatarme de que éste leía el recado que minutos antes Ayesha le entregara. Saldré por un poco tiempo. Regresaré por tí para reunirnos con Ayesha en su casa paterna. Fue la segunda vez que Marcos abandonaba la casa.

Mientras tanto, me pidió que aguardara, con la especial encomienda de no acercarme al cuarto donde Ayesha se encontraba. Sospecho que tales prerrogativas obedecieron al hecho de que el padre de Ayesha era un hombre acaudalado y ligado al poder. La casa era muy grande, con amplios y bien podados jardines, flanqueados por altos y hermosos cipreses. Me sorprendió la cantidad de personas que acudieron a despedirla; no pasaban de diez, y la mayoría parecía ser del íntimo círculo familiar.

Pocos hablaban, y lo hacían en voz tan baja que no podía intuir siquiera en sentido de su conversación. El féretro era de fino cedro, estaba cerrado.

No tenía, como suele acostumbrarse, cubierta de cristal; sino que la tapa era toda de madera. No traía gafas, de manera que podían apreciarse sus grandes y bellos ojos azules, muy parecidos a los de su hija.

Su padre, sesentón, adusto, finamente trajeado de riguroso negro. Se lo veía físicamente vigoroso; aunque no podía ocultar un gesto de contrariedad, como quien acaba de perder una partida que siempre se empeñó en ganar. Eran momentos de tensa calma, y al cabo de unos minutos, el padre de Ayesha a quien nunca lo ví junto a su esposa se dirigió a los dolientes en estos términos:. Siempre fuiste un maldito arrogante. Te asumiste como mi juez, y en alguna medida como mi verdugo.

A mi madre, al fin mujer, todo mi amor. Ella siempre me comprendió. El padre de Ayesha no experimentaba aparentemente ninguna emoción, y con su rostro como de piedra, estaba muy lejos de sospechar siquiera lo que le esperaba.

Después de observar por unos instantes a Ayesha, se alejó abruptamente, significando con ello, la aceptación de una derrota ignominiosa. El resto de los presentes se fueron acercando uno a uno para mirar a la muerta. Sus reacciones fueron variadas; los hubo quienes casi se escandalizaron. En el rostro de la señora se advertía un gesto de ternura y aquiescencia, y puedo yo jurar que de regocijo. Sus cejas, marcadas en un negro exaltado, sus rosadas mejillas, y los labios finamente delineados en rojo brillante, le daban a Ayesha un aire festivo y gozoso.

La relación de Alfonsina con el Club y con la realidad era de fuga y retorno. Marcos se limitaba a cuidarla. Al igual que con Ayesha, mi presunción, o debiera decir mi certeza de que Alfonsina era una suicida en toda la línea, seguía inalterable, pues yo daba como cierto lo que el anarquista afirmó:.

Al tercer día de la muerte de Ayesha, Marcos conversaba; o mejor dicho, le hablaba a Alfonsina, pero dado que ella nada parecía entender, nada le contestaba. Su aseveración, aunque ingeniosa, me inquietó, pues sospeché en el acto que para Alfonsina el principio del fin era inminente.

Nada pude entenderle, aunque sospecho que se refería al relativo valor que el tiempo tenía ya para ellos. Otra vez me quedé yo sólo. Amanecía y yo estaba despierto, también lo estaban Marcos y Alfonsina.

Nunca lo ví dormir a él, aunque no quiero significar con esto que Marcos fuese un insomne total. Ya casi había olvidado lo frías que eran sus manos. Tal expresión me heló la sangre, pues siempre que él pronunció esa palabra, al poco la muerte se hacía presente; y como en esta ocasión Marcos me involucró, en verdad que sentí miedo.

Sus palabras me emocionaron. A mí me pareció que se quedó muy corta. Tal vez sea cierto lo que dices Leo, pero te aseguro que sin esas dos insignificantes gotas de agua, el océano estaría incompleto. De repente, Alfonsina se había convertido en filósofa, y charlaba con tanta lucidez, que literalmente me deslumbró. Los seres ordinarios y hablaba como si ella lo fuera tenemos varios Yo:. No supe qué contestar. Era demasiado para mí, aunque tiempo después me percaté de la verdad que encerraban sus palabras.

Sin embargo, en esos momentos no pude avizorar tal alcance, y sólo le respondí:. A pocos minutos de un total mutismo, y casi sin darme cuenta, nos encontramos con el basto océano, que nos daba la bienvenida con su grave y rumorosa voz.

Mis sentidos se agudizaron. En tanto, las gaviotas que se exhibían en vuelos suspendidos y el límpido cielo crepuscular, evocaban una idílica estampa de paz y armonía.

Marcos habló muy poco durante el trayecto. Mé indicó un sinuoso camino de terracería que bordeaba la costa. Este no era un viaje recreativo. Yo tan sólo sabía de la atracción, o fascinación, casi hipnótica, que el mar ejercía sobre ella. Al poco de transitar sobre un camino de tierra, llegamos a una pequeña ensenada, resguardada por elevaciones rocosas, que le daban al escenario una intimidad idónea. Nos bajamos del automóvil, y Marcos me indicó que los dejara solos. Así lo hice, y juntos se alejaron con sus pies desnudos rumbo a no sé dónde.

No podía evitar sentir tristeza por lo que era para mí una pérdida. Pues Alfonsina era una alma excepcional. Me pareció que terminaba de escribir algo sobre la arena. Con la desaparición de Alfonsina, ya solamente quedaba Marcos; y aunque yo no tenía idea sobre cómo se mataría ni en qué preciso momento lo haría; una cosa era clara:. El líder del Club de los Suicidas y yo permanecíamos callados. Mirando para donde el mar y el horizonte se hacen uno. Me sentí vigorizado, y pronto olvidé mi cansancio.

Nunca lo planeé de este modo, y no sé exactamente por qué el azar nos hizo coincidir, aunque después de todo , quién soy yo para cuestionar al Destino. Sin embargo, no intentes comprender nuestras razones. No lo olvides nunca. Recuerda que la pasión , como la alegría y la juventud, se contagian por contacto directo; de manera que mantente de buen humor todo el tiempo.

Hasta aquí sus consejos. Tocó mi mejilla con sus manos tan frías como siempre, y ya no pronunció palabra. Al cabo de algunos minutos la impaciencia me venció, y me encaminé hasta donde Marcos. Lo que ví me dejó sin aliento:.

Ahí estaba él, sentado en un mullido sillón de piel. En el acto adiviné lo que sucedía, pues me bastó con mirar sus manos. El líder del Club de los Suicidas ejecutaba una variante de aquél método, aunque con idénticos resultados. De los profundos tajos de sus muñecas emergian dos pequeños torrentes de sangre, que en sinuoso cauce serpenteaban entre mis dedos.

Estaba viejo y ajado. Había una fotografía en blanco y negro de un hombre maduro, y una carta, cuyo contenido revela un secreto amargo y desgarrador. Su matrimonio fue tan efímero como un suspiro, pues duró tan sólo una noche. He aquí la historia:. Lo que pretendió ser una broma entre universitarios, se convirtió en una agresión injuriosa a la sagrada intimidad de la joven consorte.

URL de esta publicación: Elclub de los suicidas Elclub de los suicidas. Alejandro Arias Estrada Si desea comunicación con el autor puede hacerlo a través de su correo personal: Es Diciembre del año…. Qué importa el año. Estoy aquí para contar una historia extraordinaria.

Y si no fuera por su caudalosa dosis de tristeza, diría que maravillosa. Soy un sobreviviente involuntario de un peculiar grupo de seres humanos que nos reunimos con el expreso e irrevocable propósito de suicidarnos. No era un grupos cualquiera, cómo podría serlo. Nuestra meta era desaparecer. Sin considerarme viejo, digamos que yo transitaba la adultez temprana.

Había abandonado la carrera de Filosofía, y poco después la de Medicina. No acertaba qué hacer con mi vida. Mi precaria e instintiva respuesta se limitaba a cuestionarme: No sabía a dónde encaminar mis pasos. Creía haber visto todos los rostros de la vida, y ninguno me gustaba. Hasta entonces, no encontraba la verdadera amistad, ni una mujer bonita, inteligente y desinteresada No estaba seguro hasta ese momento, que tales atributos pudiesen coincidir en una misma chica.

En fin, me consideraba lo suficientemente calificado como para decidir mi destino de un golpe; así, literalmente de un golpe. Esta determinación era totalmente cierta. Era la tarde de un domingo, a finales a Diciembre.

Una fina lluvia mojaba mi cuerpo, y a decir verdad, mi alma se empapaba. Caminaba, o debiera decir que deambulaba por el profundo sur de la ciudad. Casi sin darme cuenta, me adentré en un pequeño parque, arbolado y bien cuidado. A qué referirme a nombres fechas y lugares específicos. Pues para efecto de conocer la historia que voy a contar, estos datos son de importancia marginal y por lo tanto, podemos prescindir de ellos. El de mi muerte; pero no podía dilucidar la forma, el lugar, ni el momento preciso.

No tenía miedo, sólamente una sensación de vacuidad y una tristeza grande, muy grande, de esas cuyo peso es capaz de arrastrarte a la tumba. Esa idea, la de suicidarme, maduraba a grandes pasos hasta convertirse en una obseción ingobernable. Y como si él leyera mi mente, agregó: Te invito a mi casa-. Sus grandes portones de madera, enmarcados en hierro forjado, le daban un aire de sobriedad. Entramos a una amplia estancia que bien podría tratarse del comedor, prevaleciendo en los muebles la piel y la caoba Allí, en torno a una mesa rectangular, tallada ricamente en sus bordes y pedestal, un peculiar grupo de personas departían en un ambiente cordial y de aparente camaradería.

Vestía ropa oscura e informal. Excepto el hombre de mayor edad, nadie me contestó. Él me dijo con tono afectuoso: Camaradas, por qué no se presentan ustedes mismos- De nueva cuenta fue el hombre mayor quien habló primero: Al llegar a este punto, la madura y bella mujer me dijo: Desde su silla de ruedas, el hombre enfermo todo apuntaba ello , y quien tenía un cobertor sobre sus piernas, dijo con voz apenas audible: No sé si debieras estar aquí,pero en todo caso, bienvenido- — Toca el turno al hombre de estilizados rasgos y refinado continente: En este punto, Marcos lo interrumpe: Yo estaba confundido e irritado.

Un tipo malhumorado me insultó sin que yo supiera por qué. Como si hubiera escuchado mis pensamientos, a quien nombran André, me dijo: Y haz de saber Leo, que todos hemos pasado por una dura prueba. No entendía una palabra. De nuevo interviene Marcos: Hasta este punto ya no tenía duda sobre qué tipo de club se trataba. Lo que él decía era mortalmente serio, y el desenlace parecía ser inminente.

La inercia de mis pensamientos me llevó a preguntar: El anarquista me interrumpe abruptamente: Por primera vez habló Celeste, la melancólica y hermosa mujer: El anarquista calló, aunque no pareció importarle mucho la intervención del clérigo. Marcos volvió a hablar: En este momento perdí el control, y dirigiéndome al grupo, les reclamé.

Hemos pactado por razones y voluntad propias, marcharnos de este mundo para siempre. El cómo y por qué llegamos cada uno de nosotros hasta aquí, no es importante para ti.

Después de ese pequeño discurso acerté a contestarle: Este, nuestro pequeño y ruinoso mundo se refería seguramente al club no es para él. Equivocado o no, Leo es quien debe mandar en él. En resumen- continuó Marcos, Leo no es, en mi opinión, un suicida auténtico, y por lo tanto no califica para…- No terminó éste de hablar, porque así, de improviso, y para sorpresa mía y por lo visto también del grupo; habla por primera vez la mujer que acompaña a Marcos. Mira Leo, hasta el deseo de morir hay que sentirlo con pasión, y nada de eso hay en tí.

Había roto mis esquemas. Sentí ganas de llorar. Se opuso a mi inclusión en el grupo con estas simples palabras: He aquí las inflexibles condiciones que impuso el club: Y cuando todo parecía que el pacto de sangre, con el que los juramentados suelen sellar un compromiso de honor, iba a celebrarse; ocurrió algo inusitado: Marcos rompe con la atmósfera de grave seriedad que se había generado ante la inminencia del ritual de sangre: No es tiempo de caras largas.

Por unos instantes todo fue silencio. El mismo líder es quien lee el Código: El anarquista incluye a título personal un artículo transitorio, y que decía a la letra: Marcos, pionero del Club, era cauto, directo, intuitivo y firme. El anarquista era bien parecido, irónico, por momentos altanero y petulante; homofóbico confeso. Cuando hablaba de sí misma, lo hacía con gran objetividad. A pesar de las huellas del rudo maltrato en su rostro, nada habla sobre el asunto.

Hablaba con mucha seguridad en sí mismo, y defendía con vehemencia sus convicciones. Comenzaba ahora una jornada emotiva y excitante en el seno de tan extraordinario Club. Hablaron sobre temas muy diversos, sin embargo, la charla tenía 3 hilos conductores: El sentido de la vida.

Su percepción sobre la naturaleza de la muerte. Platicaban con natural espontaneidad. Marcos inicia la velada: Los egipcios no consumían mucho pescado por cuestiones religiosas ya que hubo épocas que éste estuvo vetado por sus propias creencias.

Junto a los comensales se ven mesas con alimentos, pero hay una total ausencia de cubiertos, bandejas, platos o copas. La imagen no tiene porque ser reflejo de la realidad diaria o bien los platos y cubiertos se servían con posterioridad junto a otros alimentos, eso no lo podemos saber.

En el Museo del Louvre tenemos una amplia colección de estos objetos, pero que curiosamente nunca fueron utilizados. A los antiguos egipcios, sociables por naturaleza, les gustaban los animales domésticos, si bien hace unos cinco mil años, todavía algunos de los que hoy conocemos como tal, estaban a medio camino entre domésticos y salvajes.

Se han encontrado muchas momias de estos animales, que llegaron a tener consideración sagrada. El de caza puede entrar en la casa y situarse bajo la silla del amo. Durante el Imperio Antiguo se utilizaron para esta labor los galgos africanos y en el Imperio Medio los basset.

Otro animal que tuvo el afecto humano fue el mono. Divertía a todo el mundo con sus muecas saltos y habilidades. En la tumba de Tutmosis III se encontró la momia de uno de estos animales. Los egipcios renunciaron a su caza y a llevarlas a su mesa. En caso de que hubiera que castigarlas, el mono cumple encantado esa tarea. Acepta que le pongan collar, pero afila sus uñas en telas y vestidos de lino. Los animales domésticos por su situación, física, en el hogar, pensamos que debió estar cerca de las mujeres egipcias y que su relación debió ser estrecha.

No encontramos muchos documentos que nos hablen de la situación legal de la mujer en el antiguo Egipto, ni de mujeres dueñas de tierras u otras posesiones fuera de las damas reales. Por lo tanto nuestro conocimiento del tema nos llega a través de litigios y situaciones en las que se necesitaba la decisión de un tribunal para dirimir diferencias.

En la V dinastía otro oficial ,llamado Tjenti se refiere a 2 arouras de tierra de su madre. Existe un documento de finales del Imperio Medio sobre la disputa de un padre y su hija sobre unas propiedades. De la situación legal de la mujer en el Imperio Nuevo, la documentación que poseemos nos ha llegado de Deir el-Medina, y nos muestra que, en teoría, el hombre y la mujer eran iguales ante la ley, las mujeres podían heredar propiedades, negociar en transacciones comerciales e ir a la corte como demandantes, acusadas o testigos, sin necesidad de que un varón actuara por ellas.

La diferencia entre sexos, desde comienzos de la humanidad, también se mostró en los juegos, no polemizaremos si por aprendizaje o por instinto preferidos de los niños y las niñas. También les gustaba los juegos de competencia. El pasatiempo favorito era la danza. Toda joven tenía que saber bailar, y no sólo las que deseaban convertirse en bailarinas profesionales.

Se ataban una bola a la trenza y cogían un espejo. Así adornadas, giraban y se contorsionaban mientras las compañeras formaban un círculo cantando y batiendo palmas.

La canción, que no nos ha llegado, era una invocación a Hathor, diosa de los placeres. El juego preferido en el Imperio Antiguo era el de la serpiente, no sabemos como se jugaba, pero sus piezas sí las conservamos, eran una serpiente enroscada en sí misma y dividido el cuerpo en compartimentos, tres leones, tres leonas y bolas blancas y rojas.

Se jugaba en unas mesitas preparadas para ello. Han sobrevivido algunos bellamente tallados en marfil y guardados en estuches de ébano. Otro juego muy apreciado y que perduró durante toda la antigüedad egipcia fue el senet fig. Creemos que a los egipcios les gustaban los juegos, pero lamentablemente solamente estos dos han permanecido.

Las pinturas murales de las tumbas nos muestran que las fiestas y los convites eran muy apreciados por los egipcios. Invitadas de una fiesta, aspirando el perfume de flores de loto.

Los asientos preferidos de las jóvenes son grandes cojines de cuero repujado. Los hombres se colocaban a un lado y las mujeres a otro. Habitualmente se colocaba sobre la cabeza de los anfitriones y los invitados conos de color blanco, con pomada perfumada, que las sirvientas distribuían y que era nota imprescindible de buen gusto.

Este adorno era imprescindible, disimulaba los olores de comida y cerveza y daba un aroma agradable,que los egipcios, como hemos dicho al principio sobre las flores, apreciaban mucho. Se utilizaban sistros y crótalos menat en egipcio en honor a Hathor, címbalos de metal y arpas.

La danza completaba la distracción y al igual que ocurre en las fiestas actuales, se consumían bebidas y golosinas durante el resto de la velada. Danzarinas de la tumba de Antefoker. Comienzos de la Dinastía XII. Estatuilla en piedra caliza de un hombre con un enorme pene erecto. Puede ser un amuleto de la potencia sexual. Finales del Imperio Nuevo de Deir el-Medina. Las connotaciones sexuales de las representaciones de algunos banquetes, parecen, sin embargo, evidentes.

Los invitados llevan collares de flores y las sirvientas, jóvenes desnudas, escancian bebidas. La sexualidad, desde luego, no formó parte del arte del antiguo Egipto. Los hombres y mujeres copulando, se han encontrado en ostraka y otros graffiti.

Una de las numerosas posiciones para la relación sexual que aparecen en un papiro obsceno de finales del Imperio Nuevo. En el museo de Turín encontramos un papiro erótico de Deir el-Medina fig.

Ellas llevan el sistro y el espejo de Hathor y el loto del renacimiento. Los vestidos eran confeccionados con lino que tendía a ceder, realzando cada curva del cuerpo femenino, haciendo énfasis en la sexualidad de la figura. Parece que las representaciones desnudas de niños, intenta marcar una frontera de edad para separarlos del mundo adulto , en el cual no tuvieron sitio.

A los egipcios les encantaban los adornos, llevaban anillos de oro macizo, hileras de perlas, cadenas en espiral o cintas de oro.

Anillos en forma de escudo en oro. Una sirvienta o esclava coloca el cabello de su señora. Las niñas llevaban el pelo corto o una coleta en el lado derecho de la cabeza, que cortaban al llegar a la pubertad.

Las mujeres casadas, a menudo, se peinaban dividiendo el cabello en tres partes cayendo en la espalda y sujeto con una cinta. El tipo de peinado también informaba sobre el estado de la mujer, embarazada en el parto o en la lactancia. Como los estilos artísticos también las modas cambian.

La cantante de Amón Merit, esposa de Maya dinastía XIX se adorna con una peluca y sostiene en su mano el menat, con la cabeza de la diosa Hathor. Sarcófago de la reina Kawit. Una sirvienta le ofrece un pomo de ungüento mientras la abanica con una pluma de ganso.

Museo de El Cairo. En el antiguo Egipto no faltaron los productos de belleza. Para combatir el mal olor corporal, en época de calor se friccionaban varios días seguidos con un ungüento a base de terebinto e incienso, que se mezclaba con algunas semillas y un perfume, cuya composición desconocemos. También existían recetas basadas en leche de burra. El cuero cabelludo era objeto de incesantes cuidados. Unas veces se trataba de hacer desaparecer los cabellos grises, otras evitar que las cejas se volvieran de ese color y otras de combatir la calvicie o hacer crecer el pelo para lo que utilizaban aceite de ricino.

También conocían el medio de librarse del vello superfluo. Incluso existía una receta para la mujeres que deseaban que se les cayera el pelo a una rival Papiro Chester. Portador del sello, fue una del as funciones menos comunes de la burocracia. Los sellos servían para salvaguardar propiedades cuando existía la ausencia de cerrojos o llaves. Sus portadores llevaban el sello autorizado, con el cual evitaban la entrada, a personas no autorizadas, a las propiedades.

Para el escriba todos los oficios manuales son despreciables, pero el peor de todos es el de agricultor. Golpeado y explotado por sus señores y por los recaudadores de impuestos, robado por sus vecinos, decepcionado por la propia naturaleza y arruinado por la langosta, los roedores y por todos los enemigos.

Tal es la condición del hombre del campo. Esta visión apocalíptica del campesino posiblemente no es total reflejo de la realidad, pero sí nos da una idea de la vida dura del agricultor egipcio. Este trabajo, complementado por la ganadería, constituyó la base de la economía del Antiguo Egipto. En el tiempo de cosecha se entraba en un periodo de actividad renovada y nos han llegado bastantes representaciones de la siega de los cereales y la recogida del lino ver fig. La viticultura era una ocupación masculina y sólo en una tumba de la XVIII dinastía aparece una mujer cortando uvas.

Por las representaciones, los trabajos del campo en que se necesitaba utilizar herramientas cortantes, como tijeras en viticultura u hoces en agricultura, estaban en manos de hombres, no sabemos si por una cuestión religiosa o por pura precaución. El trabajo de molinero, parece estar en manos femeninas. A las mujeres se les entregaba el grano ya limpio de toda impureza. El primer trabajo de la molienda, lo realizaban los hombres.

Dos o tres fornidos mozos lo trituraban cadenciosamente con sus pesados mazos de dos codos de largo. A partir de ahí el trabajo es para las mujeres, las tamizadoras recogen los granos aplastados, separan el salvado, destinado a los animales y entregan el resto a las molineras.

Las herramientas empleadas eran una gruesa piedra y una artesa de dos compartimentos. La molinera, inclinada hacia delante, mueve la piedra por encima del grano, echando la harina en el compartimento inferior. Se tamiza y se vuelve a empezar hasta que tenga la finura deseada. Solamente se prepara la cantidad necesaria para el pan del día. En los cuadros los panaderos trabajan junto a las molineras. Después de la recolección del lino labor en la que también la mujer participaba , este se preparaba para ser hilado y poder utilizarlo en el telar.

En las maquetas de Meketre podemos reconocer un taller textil con todos lo necesario para este oficio. Las mujeres que trabajaban en los telares solían se sirvientas o esclavas de una hacienda en la que se tenía que confeccionar telas para los vestidos de todos las personas que integraban estas grandes mansiones.

A nivel familiar también las mujeres eran las responsables de los vestidos familiares. La tumba de Meketre, canciller de Mentuhotep I, estaba situada cerca de la tumba de su amo y, de acuerdo con los usos de la época, se construyó una rampa de acceso muy inclinada y una enorme entrada con un pasillo que se adentra en el acantilado.

Elescondite contenía una maqueta del recuento del ganado, dos mujeres portadoras de ofrendas, maquetas de carnicerías y panaderías, géneros, tejedurías y carpinterías, esquifes de pesca y la flotilla del gran hombre.

Los campesinos pocas veces poseían las tierras que trabajaban. Parte de la cosecha era para su consumo, pero si era un año muy bueno podían tener excedentes.

Otro tanto ocurría con los pequeños huertos familiares. También en la producción de telas se daba el caso de fabricar una cantidad que superaba las necesidades familiares. De la venta de estos productos se encargaban las mujeres, en la mayoría de los casos el procedimiento era de trueque con productos que difícilmente se podían conseguir en sus poblados.

De los oficios de intérprete musical y del de bailarina tenemos evidencias desde el Imperio Antiguo. Representa la danza nubia denominada keskes. Las mujeres formaban grupos musicales, de baile, o de percusión. Actuaban en los cultos del templo fig. Al principio estos grupos sólo los integraban mujeres, pero a finales del Imperio Antiguo, cantantes y bailarines varones fueron incluidos. Pintura sobre estuco de un banquete funerario. Como norma general se puede decir que la mayor diferencia entre sirviente y esclavo era que al primero le pagaba y mantenía con sus propios medios aquel que le empleaba.

Entre los servidores masculinos tenemos los escuchadores, su obligación consistía en escuchar las llamadas. Los coperos, whaw palabra que designa también un vaso, servían la mesa, actuaban como mayordomos y en muchos casos como confidentes, por lo que su labor era muy importante. Los shemsw, que acompañaban a su señor en las salidas y cuando este se detenía desplegaba la esterilla en la que su señor podía escuchar un informe o recibir a sus intendentes; otro shemsw le llevaba las sandalias durante la marcha, cuando se detenían, limpiaba los pies de su señor y le calzaba.

Arreglo de la reina Kawit dinastía XI. El trabajo doméstico en los hogares acomodados lo hacían servidores libres o en algunos casos esclavos. Entre las sirvientas son de destacar las peluqueras, las doncellas y sobretodo las amas de cría, de las que hablaremos en la lactancia. La gente llamada hemw o beku se les puede considerar, al menos en el Imperio Nuevo, como esclavos.

La mayor parte de estos esclavos son de origen extranjero. Capturados durante una campaña victoriosa en Nubia, Libia, Siria o el desierto oriental.

El señor podía alquilar o vender a sus esclavos y desde luego podía pegarles. En muchos casos recibían los golpes a los que su amo había sido condenado por un tribunal. No se conoce que clase de trabajo se esperaba de ellas, pero la omisión, precisamente de este, tiene connotaciones sexuales.

Todos los trabajadores estaban afiliados a cofradías religiosas y participaban activamente en sus fiestas, oficios y procesiones. Los salarios debían ser suficientes, pues muchos son propietarios de sus viviendas el nombre del propietario aparece regularmente grabado en los soportes de una columna de la vivienda. Tenían derecho a acudir a los tribunales cuando se consideraban injustificadamente agraviados. Tenemos un caso de un capataz, que había expulsado a una joven obrera inexperta, que trabajaba en el taller de tejidos del estado.

Denunciado el hecho, la madre de la expulsada invocó la justicia del visir y éste, a través del escriba, ordenó al capataz que readmitiera a la obrera, dando la razón a la demandante.

Algo así resulta impensable en épocas anteriores. Los monumentos privados nos muestran una importante organización a nivel social. Esta ordenación de la sociedad fue a través de grupos familiares formados alrededor de un hombre, una mujer y sus hijos. El censo tiene listas de habitantes casa por casa y a pesar de estar muy fragmentado el documento, da una filiación completa de sus propietarios..

Esta institución en el antiguo Egipto, presenta a los estudiosos, numerosos problemas. No hay testimonios de ninguna ceremonia legal o religiosa para formalizar el vínculo. Escasísismos documentos aluden a una tercera persona en la sanción del vínculo. La primera inscrita es una estatua perteneciente al peluquero de Tutmosis III, Sebastet , en el año 27 de su reinado y dice: Un largo papiro de finales del Imperio Nuevo nos relata que una viuda, llamada Rennefer, crió tres hijos nacidos de una joven esclava a la que su marido había comprado.

Esa pareja probablemente no podía tener descendencia y compró a la joven con el fin de adoptar a los niños. En el año 14 de ese rey, otro sacerdote de Amón-Ra de Tebas, llamado Horwedja, le preguntó por una cita en Teuzoi, en las tierras de su padre el cual había sido sacerdote allí. En definitiva él preguntaba por Nitemhat, hermana de Padiaset, a la cual quería por esposa.

En la actualidad cuando el padre entrega a ésta en la ceremonia religiosa, puede ser un recuerdo de la auténtica entrega, que en tiempos remotos, hacían los padres con sus hijas. Volviendo al Imperio Nuevo, encontramos dos textos en Deir el-Medina sobre arreglos matrimoniales. En uno un hombre expone: Parece que los padres concertaban el matrimonio de sus hijas y recibían presentes de los futuros esposos, aunque desconocemos si previamente había un acuerdo entre la pareja.

Akhenaton, Nefertiti y sus hijas, bajo el disco solar, dios Atón. El llamado contrato matrimonial es conocido, desde principios del siglo VII a. Esos contratos no nos pueden llevar a conclusiones erróneas y trasladarlos a los actuales documentos matrimoniales. He dado por ti suma de dinero registrado aquí como tu shep en shemet. Cuando el hombre repudiaba a la mujer, también incluía a los hijos nacidos en su casa, por lo tanto los desheredaba.

Tenemos que tomar con cierta precaución los contratos matrimoniales, ya que estos eran verbales, y hasta finales del Imperio Nuevo no se reseñaron por escrito. El término equivalente para esposa hemet lo encontramos exclusivamente en los monumentos, a partir de la segunda mitad de la dinastía XVIII.

En el curso del documento, Inksunedjem, es referida con ambos términos, hebsut y hetmet. El problema principal para la interpretación de los términos es que su aparición no es frecuente. El índice de mortalidad femenino, los partos y los frecuentes divorcios, hacen que muchas mujeres figuren como la primera esposa y por tanto muy pocas como hebsut.

Existe la teoría de la herencia del reino a través de la línea femenina, sin embargo esta teoría tiene aspectos que la apoyan y otros que la desestiman. Parece estar claro que el matrimonio de un rey con la heredera real legitimaba su condición de faraón y de ello es representativa la dinastía XVIII, sin embargo los matrimonios con mujeres de sangre no real también frecuentes, ostentan la misma consideración que los anteriores.

Los matrimonios entre hermanos, aunque innegable su existencia, no parecen tan frecuentes como la leyenda nos ha hecho creer. Entre la realeza cuando un rey no concebía varón con su esposa principal, el matrimonio de su hija heredera con su medio hermano ha tenido exponentes tan conocidos como la reina Hatshepsut con Tutmosis II.

De esta manera y tras legitimar los matrimonios entre dioses-hermanos, queda legitimada la unión entre reyes-hermanos, pues su paralelismo es sustancial a la historia egipcia. La situación familiar cambiaba substancialmente cuando el rey elegía a una joven para ser su esposa ya que la riqueza y el poder de la familia aumentaba. El matrimonio entre padre-hija no es demasiado frecuente, aunque tenemos evidencias de algunos de ellos. En algunas ocasiones los tres son nombrados juntos.

En caso de Akhenaton el matrimonio con dos de sus hijas: Meritatón y Anjesenpatón , que fueron madres a su vez de Meritatón II y Anjesenpatón II, respectivamente, existiendo demasiadas lagunas como para considerar a Akhenatón padre de las niñas.

Bintanat, en particular, hija de Asetnefret con la que aparece en algunos monumentos, fue consorte de su padre hacia la mitad de su reinado. No es probable que fuesen esposas divorciadas en cuyo caso el propietario del monumento no la hubiese colocado.

Tenemos casos en los que el propietario de la tumba aparece con todas sus esposas, muertas o no, esperando perpetuar su memoria, y es difícil distinguir entre matrimonios sucesivos o concurrentes. La mujer aparece como responsable de abastecer de ropa a la familia y de comerciar con los excedentes de la producción. Esta explicación sobre el trabajo de las mujeres es a propósito de la consideración que dicho trabajo tenía y de cómo era económicamente rentable para un hombre el tener varias esposas.

También en la agricultura, las mujeres, colaboraban intensamente como mano de obra gratuita, por lo tanto sólo en el caso de que la mujer fuera completamente improductiva, era una carga para el marido.

Se conoce el caso de poligamia de un bandido que participó en el saqueo de tumbas en Tebas, durante la dinastía XX, que tuvo cuatro mujeres. Dos de ellas estaban vivas cuando el tribunal lo juzgó y el papiro nos dice: En un país donde el bastón tenía un papel importante, el marido tenía derecho a pegar a su mujer y el hermano a la hermana, a condición de no abusar. Se castigaba el insulto. Un individuo debía comprometerse ante los jueces a no volver a insultar a su mujer, so pena de recibir cien golpes y de verse privado de todo bien ganancial compartido con ella.

Unos siglos después, en la Baja Época, parece difícil que el hombre tenga una segunda mujer sin divorciarse de la primera. Las relaciones sexuales con sirvientas o mujeres domésticas de clase inferior son frecuentes.

En algunas tumbas de la dinastía XVIII aparecen niños con sus madres y que desde luego no son la esposa del propietario. El hecho de aparecer en la tumba significa que estos niños no eran repudiados ni apartados de la familia, cuya imagen ideal perpetuaba la tumba. No hay evidencias en monumentos a cerca de la ilegitimidad o no de los hijos habidos en estas relaciones.

Por los documentos del poblado de Deir el-Medina sabemos que una mujer concibió un niño de un hombre, mientras era hemet de otro, desafortunadamente no conocemos lo que ocurrió con la mujer y el niño porque el documento se refiere a la conducta del seductor, el cual fue condenado incluso por su propio padre.

Tenemos conocimiento de mujeres que realizaron segundas nupcias. Cuando a los 60 años el marido muere y deja a la esposa sin hijos, ella vuelve a casarse y tuvo ocho. Económicamente ese matrimonio, para ella, fue rentable ya que heredó propiedades del difunto. A principios de este siglo, la tumba de 3 esposas de Tutmosis III, fueron profanadas y sus antigüedades puestas en el mercado. Menhet, Mertit y Menway, nombres no egipcios con raíces sirio-palestinas. Es curioso que las tres fueran enterradas con ajuares funerarios idénticos.

Ajuares funerarios de 2 de las esposas extranjeras de Tutmosis III. Un tocado largo similar a una peluca y otro con cabezas de gacela unidas a la banda de la parte frontal. Museo Metropolitano de Nueva York. Gran parte del conocimiento que poseemos de estos matrimonios, nos ha llegado a través de las cartas de Amarna que consisten: Sus matrimonios con Babilonia fueron: Hay que recalcar que estos matrimonios no se celebraban a nivel de estado, sino individualmente, por lo tanto no creaban vínculos permanentes que desaparecían con la muerte de los gobernantes.

Este es el caso del matrimonio de Akhenaton con la princesa de Mitanni Tadukhepa, la cual había llegado dos años antes de la muerte de Amenofis III con la finalidad de casarse con el entonces faraón.

Una de ellas en el año 34 de su reinado, para sellar la paz entre Ramsés II y Hattusilis, tras décadas de hostilidades. El otro matrimonio desconocemos cuando ocurrió puede ser que la primera princesa muriese siendo reemplazada por la segunda. Conocemos poco de las formalidades precisas para estos matrimonios, pero podemos constatar tres condiciones necesarias:. La mujeres tomaron parte de una forma pasiva en las negociaciones matrimoniales, si excluimos la participación de la reina hitita Pudukhepa que intercambió cartas y saludos con la reina Nefertari y con el propio Ramsés II.

Los tratados eran efectuados por hombres, normalmente embajadores, y el papel de las mujeres consistía en consolidar con su matrimonio las alianzas. Sobre la vida de estas princesas extranjeras en la corte egipcia no conocemos nada, ni como sobrevivieron en un país del cual desconocían las costumbres, idioma y entorno. Maathorneferura, vivió en el palacio de Miwer en El Fayum, los documentos sugieren que estuvo ocupada en la producción de telas, teniendo mucho personal extranjero a su cargo.

Las mujeres como moneda de cambio en los tratados políticos hacían prosperar el sistema creado y alimentado por varones.

Una mujer casada no podía aspirar a una situación similar. El propósito del matrimonio o de la pareja era tener muchos hijos y el hombre quería estar seguro de que era el padre, especialmente cuando los hijos nacidos de esa unión tenían derechos legales de herencia.

No es sorprendente que la infidelidad femenina fuera condenada duramente y el hombre que mantenía relaciones con una mujer casada condenado colectivamente. El contacto de un hombre joven con prostitutas no estaba socialmente censurado. Un caso legal de Deir el-Medina se abre con esta acusación: El centro de la cuestión en el caso de Paneb era la prueba extraordinaria de su depravación. La desaprobación de las relaciones sexuales de un hombre con una mujer casada, estuvieron profundamente arraigadas en la sociedad egipcia en el capítulo de El Libro de los Muertos un difunto declara: El adulterio masculino no se consideraba tal cuando no ofendía ni causaba problemas a otro hombre.

Desde principios del siglo V a. El deseo de desposar a otra mujer era causa suficiente para divorciarse los hombres. El adulterio del marido no era, que sepamos objeto de ninguna sanción. El hombre podía llevar a casa concubinas. Una estela funeraria muestra a toda la familia reunida en la necrópolis. Para el divorcio, aunque no hubiese sanción religiosa o legal, hubo tribunales con testigos. Volver a casarse era posible para cualquiera de las partes, pero las mujeres podían perder los derechos de herencia para sus hijos, lo cual hacía que estas evitasen el divorcio.

El estado natural del hombre y la mujer parece ser que es el de casado, sin embargo tenemos pruebas de que ya en el antiguo Egipto hubo hombres que optaron por no tener esposa y por lo tanto carecer de descendencia. Un fragmento de narración del Imperio Antiguo nos relata la relación homosexual entre el rey Neferkara y su general Sasenet.

Hay tan pocas evidencias de celibato femenino como masculino. Las viudas eran consideradas un grupo marginal para la sociedad al igual que los huérfanos, los hambrientos y los desposeídos de toda fortuna. Sabemos muy poco de lo que acontecía a las mujeres divorciadas, algunas se debieron casar o fueron acogidas en los hogares de otros parientes. Un ostrakón de la XX dinastía en Deir el-Medina, nos informa del intento de un padre de hacer jurar a un hombre que no va a abandonar a su hija bajo pena de recibir cien latigazos y la pérdida de todas las propiedades de la pareja.

No parece haber testimonios de la opinión social sobre la homosexualidad femenina, pero podemos deducir, que al no procrear, crearía la misma repulsión social que la masculina. El autor de la instrucción de Ani, en el Imperio Nuevo, aconseja a sus lectores varones:. Figuras de fertilidad dedicadas a la diosa Hathor, como ofrendas votivas. Han sobrevivido restos de las viviendas de los trabajadores de las necrópolis de Deir el-Medina y Amarna, donde existían altares domésticos en los cuales se veneraba a deidades del hogar como Bes, Tawret y la diosa Hathor, por su relación con la fertilidad y el alumbramiento.

En el hogar se relacionan con la continuidad de la familia en este mundo, en los templos se presentan como ofrendas votivas fig. Figurillas de la fertilidad.

Petrie Collection, University college, Londres. Hay muy pocas menciones a cerca de la menstruación. Encontramos, en escritura demótica la Historia de Setne Khaemwset en la cual la princesa recién casada, Ahwere dice: Ya entonces era sabido la necesidad del coito para producirse el embarazo, Ahwere dice: En la primera dice.

Estos test incluían la toma de temperatura, el examen del pecho, el color de la piel y el efecto de la orina en la germinación del grano, la mujer orinaba en el grano cada día, si germinaba primero la cebada era varón, si era primero el trigo era hembra, y si no germinaba nada no había embarazo.

Aunque la fertilidad fue de suma importancia en el antiguo Egipto, hay textos médicos con prescripciones anticonceptivas para la mujer, ya que no siempre eran los embarazos deseados.

No existen evidencias de métodos anticonceptivos utilizados por el hombre. Sobre el parto existen tan sólo algunos jeroglíficos que lo describan. En los templos ptolemaicos se nos muestra el nacimiento de un hijo divino. Normalmente es una diosa, junto a su madre que la sostiene, con una rodilla flexionada recibiendo a su hijo. Una historia del Imperio Medio nos narra el milagroso nacimiento del primer rey de la XV dinastía.

La madre Rudjedet es asistida por cuatro diosas: Isis, Neftys, Mesnejet y Heket. Cada nacimiento es descrito de la misma manera: Entonces Mesjenet se aproximó y dijo: La implicación de los dioses en el nacimiento es una exhortación al cuidado de los niños en el parto, así como prevención de la ira divina si ese proceso no es el adecuado. Isis representa a la madre por excelencia, Hathor es la diosa de la fertilidad sexualidad y nacimiento, y la invocaban ante la inminencia del parto al cual veían como un prolongado sufrimiento, existiendo la posibilidad de morir.

Estrechamente asociado con Hathor estaba el dios doméstico Bes que con ella se ocupaba de la sexualidad y sus consecuencias: Dos hombres sostienen y ayudan a una mujer embarazada al iniciarse las contracciones del parto. Este relieve fue hallado en una tumba donde se encuentran numerosas representaciones relacionadas con.

Anjmahor, el dueño de la tumba, era un médico, y este relieve describe un caso relacionado con su oficio. A partir del Imperio Nuevo, se habilitaron unos lugares para el nacimiento, bien en un edificio construido en el jardín bien en el tejado de la casa.

El propósito era, probablemente, aislar a la madre y al niño de la comunidad, una costumbre utilizada por otras culturas y en muchos lugares del mundo. Ninguna de esas construcciones ha permanecido, pero sabemos de su existencia, por varios ostraka de Deir el-Medina.

El edificio consistía en una especie de tejado sostenido por ligeras columnas de papiro, decoradas con hojas de parra. Una escena parecida la encontramos en vasos para cosméticos, los cuales podían haber sido usados para los ritos de purificación, a los cuales debía someterse la madre antes de incorporarse a la comunidad. Diosa Tweret, protectora de las embarazadas y de la infancia.

Lleva un cuchillo y el símbolo Sa. El símbolo Sa garantizaba protecciónen especial en el momento del parto. La diosa Tweret, con su combinación de hipopótamo, león y cocodrilo intenta alejar a las fuerzas del mal. Su imagen lleva a menudo el jeroglífico de protección o un cuchillo con el que alejar a los demonios.

El parto fue una causa de elevada mortandad femenina como nos demuestran muchos enterramientos, por lo que no nos sorprende que tuvieran encantamientos para tratar de proteger a las futuras madres. En uno de ellos, la muerte trata de implicar a la mujer por haber tenido tratos con ella: Este y muchos otros se repetían durante el embarazo y parto como ayuda ante el inminente nacimiento de los niños.

Figura de fertilidad, llevando la mujer a un niño en su cadera izquierda con un texto de protección para el niño. Es muy probable que gran parte de su edad fértil, las mujeres estuviesen embarazadas. Sabemos que las clases altas tenían amas de cría, bien por evitar esa preocupación a la madre, bien por la imposibilidad de ésta de alimentar al niño.

En la Instrucción de Any leemos:. El índice de mortalidad infantil también fue, en el antiguo Egipto, muy elevada, como lo demuestran enterramientos y textos de la Instrucción de Any del Imperio Nuevo. En el Segundo Periodo Intermedio o comienzos del Imperio Nuevo hay invocaciones del niño, al que se identifica con Horus niño, hijo de Isis: Los amuletos protectores se colgaban en el cuello de los niños.

La figura de una rana representaba a la diosa Heket, asociada con la infancia. El gato sentado se refería al dios solar Ra. La de un hipopótamo hembra embarazada a la diosa Tweret ver fig. El ojo de la luna que Set le robó a Horus y que luego le fue devuelto por Tot, el ojo Wadjet era un amuleto popular y se llevaría como protección contra el mal. Simboliza el poder de la luz encarnado en el dios solar Horus. Las bandas llevaban el nombre de la mujer y en algunos casos el del niño, la supuesta efectividad se basaba en la identificación del recién nacido con Horus niño.

Otra forma de protección, datada en el Imperio Medio, eran las fundas cilíndricas de encantamientos. Podían ser sólidas o huecas, adornadas con granates o con hilos y bolas de cobre.

A finales del Imperio Nuevo se acostumbraba a introducir papiros con las fórmulas protectoras dentro de pequeños cartuchos cilíndricos que se colgaban alrededor del cuello de los niños. La llamada tríada compuesta por un dios, su esposa y su hijo, se convierte en modelo absoluto.

Todos los templos de Egipto se organizan en torno a una familia similar, donde el dios padre desempeña el papel principal y el dios hijo es un niño, a excepción de algunas variantes. A los egipcios les gustaban los niños. Cuando se visitan las tumbas menfitas, amarnianas o tebanas, si se contemplan las estelas de Abydos o los grupos esculpidos veremos muchos niños.

Aunque todos los hijos son bien acogidos, el deseo de tener un varón es general. La función del hijo es hacer perpetuar el nombre de su padre.

Su deber, como recuerdan las inscripciones, es inhumarlo y velar por el cuidado de su tumba. Djaw, el bastón; Sheu, el odre; Nehti, el fuerte; Shery, el pequeño; Ta-mit, la gata. La mayor parte de los padres preferían poner a sus hijos bajo la protección de una divinidad. El historiador Manetón se encomendaba al dios tebano Montu. De este modo se puede valorar el culto de algunas divinidades a través de la historia. Una vez que los padres habían elegido un nombre para su hijo éste tenía que ser registrado por la autoridad competente.

La casa de la vida era una especie de Instituto de Egipto donde astrónomos, pensadores e historiadores conservaban todo el conocimiento y trabajaban para conservar ese patrimonio.

El niño de corta edad permanecía junto a su madre, que por lo general lo llevaba contra su pecho, en una bolsa colgada al cuello que le dejaba las manos libres. Cuando crecían se les entregaba a los muchachos un taparrabos y a las chicas un vestido, también a las jovencitas se les cortaba el mechón infantil. La entrega de estos atributos marcaba un hito en la vida de los jóvenes, es posible que ese día coincidiera con su entrada en la escuela.

Entre los fellahs o entre los artesanos, el niño permanecía en casa y aprendía a cuidar los rebaños o a manejar las herramientas a fin de ejercer posteriormente el oficio para el que se había preparado. Las hijas reales que aparecen con este faraón eran hijas de Nefertari, su esposa principal y de Asetnefret , su segunda esposa.

El sexo de un hijo del rey marcaba su posición, si era varón podía suceder a su padre en el poder, si era niña no tenía expectativas de reinado ya que no se aceptaron las mujeres como faraones.

Las hijas eran reinas potenciales y con la madre del rey y la esposa principal formaban la tríada de madre consorte e hija, como reflejo de la similar de Hathor, Isis y Ra. Los varones tenían un papel muy reducido mientras vivía su padre. El mito de Horus, heredero de Osiris, era asumido por los reyes que se consideraban Horus y a su padre fallecido Osiris. La elección del heredero y las intrigas en los harenes para conseguir el nombramiento de uno u otro hijo del faraón fueron numerosas.

El complot tenía la finalidad de asesinar a Ramsés III y poner en el trono al hijo de Tiy que al ser descubierto optó por el suicidio algo que también decidieron algunos conspiradores. El papiro no nos habla del proceso a las mujeres ni del castigo que recibieron. En el Imperio Medio hay evidencias de un atentado contra la vida de Amenemhat l fundador de la dinastía XII, los estudiosos discuten si ocurrió o no. En el Imperio Antiguo, la autobiografía de un oficial, incluye información a cerca de un proceso, en el que estuvo presente, contra una reina de Fiope l.

No se habla del tipo de delito, pero pudo ser sorprendida conspirando contra el faraón o bien existe la posibilidad de un adulterio.

El reinado fue históricamente, salvo excepciones, masculino. El faraón recibía su designación mediante rituales, directamente de los dioses, de ahí su deificación.

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Era la tarde de un domingo, a finales a Diciembre. Su contenido suscitó un leve gesto de congratulación entre los suicidas. Este mismo cartucho aparece en un pectoral inferior de esta misma princesa que Petrie encontró en El Lahun. Este contesta con un gesto de enfado, pues el papel de interrogador se lo había apropiado para sí:. Supongo que nos sorprenderemos a cada momento. Al igual que con Ayesha, mi presunción, o debiera decir mi certeza de que Alfonsina era una suicida en toda la línea, seguía inalterable, pues yo daba como cierto lo que el anarquista afirmó: Otro juego muy apreciado y que perduró durante toda la antigüedad egipcia fue el senet fig.

No lloraba, sólos se limitaba a mirar a Celeste, como resistiéndose a creer que todo aquello fuera real. Era esta una descripción poética y casi exacta, del estado físico y emocional en que ella se encontraba. Por esta razón, la devolución de su cuerpo al seno del Club sería expedita. A su muerte, siguió una etapa de grandes cambios en el comportamiento del anarquista, pues el poco tiempo que la sobrevivió, desapareció en él la hostilidad hacia el grupo.

Era el medio día, y después de no ocurrir nada, salvo escuchar el ruidoso paso de las horas, Marcos se acercó hasta mí para preguntarme:. No finjas inocencia Leo. Ella ingirió una dosis masiva de abandono, decepción y melancolía. Un mortal coktail por necesidad. Ayesha y el anarquista reanudaban sus proverbiales controversias, pero ahora en un clima de respeto mutuo y cordialidad. Libres ya los dos de sus etiquetas de contendientes. Nunca encontré una pasión por la que valiera la pena vivir, pues sólo así concibo que se justifica andar por el mundo.

Y créme Ayesha, tal pasión ya la he visto en otros. Aquí en nuestro Club nadie es dueño de la verdad. Ni siquiera estamos seguros de haya una verdad para todos. Apostamos nuestras vidas -o lo que queda de ellas-en lo que creemos. Que las palabras valen por lo que significan para nosotros, y que algunas de ellas tienen su propio perfume.

Pasaban los minutos y los suicidas seguían conversando relajadamente, y aunque no siempre con gran orden, sí con el mayor interés.

Recuerda lo que dijo el cura: Este se aprestó para traer a casa a su compañera. Como si la noticia de la llegada de Celeste hubiese recordado a los suicidas una tarea urgente, estos se dirigieron a habitaciones diferentes de la casona. Pronto fue conducida a un pequeño salón habilitado como velatorio. Hasta allí se encaminaron Ayesha y el anarquista. A Alfonsina no se la veía por el momento. La llegada del cuerpo de Celeste pareció ejercer una especie de embrujo o fascinación en él, pues no se apartaba de ella.

Después de haber visitado a Celeste por unos minutos, el grupo salió del recinto; excepto el anarquista quien permaneció a su lado. Pasaron muchos minutos sin que el anarquista diera señales de vida, y temiendo que éste pudiese cometer alguna locura, si es que puede haber una locura mayor que la de matarse Marcos y yo fuimos a averiguar qué sucedía.

Lo hallamos junto a Celeste. Ella cubierta tan sólo con el inmaculado manto de su desnudez, y él, concentrado en una extraña tarea, hecho que nos preocupó, e hizo que nuestras prejuiciosas mentes pensaran de manera aberrante. El anarquista estaba a un lado de ella, afanado en ejecutar algunos trazos en el vientre de la difunta. En verdad quedamos estupefactos: El empedernido detractor le rendía homenaje a la prostituta, a la meretriz hermosa y melancólica ya olvidada por el mundo al que alguna vez perteneció.

El anarquista había dibujado sobre el vientre de Celeste la figura de un niño acurrucado, como si descansara en el seno materno.

A partir de ese hecho el anarquista ya no pronunció palabra. Literalmente estaba desapareciendo; de la misma manera que se hubiese desvanecido un rostro recién pintado en acuarela al poco tiempo de exponerlo a la lluvia.

En el Club se percibía un clima de desasosiego; pues los crispantes sucesos ocurrían uno tras otro con mortal rapidez. Yo estaba a un mundo de sospechar siquiera los perturbadores episodios que estaban por acontecer. De pronto, Marcos convoca al Club o a lo que queda de él a la sala de reunión. Reconozco que todo aquello que dijeron de mí es casi enteramente cierto; excepto que nunca odié a nadie, y mi aparente petulancia y engreimiento no eran sino una pose defensiva, que nunca fue necesaria.

Admito que me equivoqué con el cura, Ayesha, Alfonsina y Celeste. El grupo lo supo todo el tiempo; yo recientemente. Él se ha disparado. Fue en la boca. Escogió ese sitio porque vió que en el cura fue de efectos fulminantes. No quiso fallar para nada.

Ayesha, su irreductible adversario, parecía haber olvidado el suceso, pues al igual que Marcos y Alfonsina, se ocupaban en los preparativos de sus respectivos suicidios. Era ya la mañana siguiente después de lo acontecido con el anarquista; y Marcos, Ayesha y Alfonsina, se disponían a tomar un frugal desayuno.

El procedimiento era, a decir de Marcos,muy barato, productivo, y de enorme utilidad en jardines de casa e incluso en habitaciones. Discutieron con mucho interés sobre el beneficio que la técnica de la hidroponia significaría para países pobres y con problemas de aridez y falta de agua. En este punto de la conversación me quedó completamente claro que sería Ayesha la siguiente en morir, y que sería ese mismo día.

El líder del Club repitió, con un toque de fina ironía, las mismas palabras que Ayesha pronunciara cuando se le preguntó sobre su suicidio. Marcos, como era habitual en él cuando quería estar a solas con alguien, me indicó, con una señal apenas perceptible, que me alejara.

Era una bonita habitación que yo no conocía, muy amplia y ricamente decorada con artesanías del Istmo de Tehuantepec. Muy poco fue lo que nos platicó sobre su relación amorosa; sin embargo, nadie podía dudar que Ayesha era una amante fiel. Era Michelle, un apuesto varón de edad similar a la de ella. Al reverso de la foto le prodigaba encendidas palabras de amor. Ayesha estaba sentada en un sillón de piel, en tanto, Marcos quien permanecía de pié, la escuchaba con atención. En un momento, Alfonsina, ya reconectada al presente, se acercó hasta ellos.

La tenue y azulosa luz del cuarto le daba un aire calculadamente evocador a la escena. Y como si estas palabras fueran la señal esperada, Ayesha apuntó con una filosa daga directo a su corazón, al tiempo que decía:. Marcos me pidió que saliera, pero antes de abandonar el lugar, pude percatarme de que éste leía el recado que minutos antes Ayesha le entregara.

Saldré por un poco tiempo. Regresaré por tí para reunirnos con Ayesha en su casa paterna. Fue la segunda vez que Marcos abandonaba la casa. Mientras tanto, me pidió que aguardara, con la especial encomienda de no acercarme al cuarto donde Ayesha se encontraba. Sospecho que tales prerrogativas obedecieron al hecho de que el padre de Ayesha era un hombre acaudalado y ligado al poder.

La casa era muy grande, con amplios y bien podados jardines, flanqueados por altos y hermosos cipreses. Me sorprendió la cantidad de personas que acudieron a despedirla; no pasaban de diez, y la mayoría parecía ser del íntimo círculo familiar. Pocos hablaban, y lo hacían en voz tan baja que no podía intuir siquiera en sentido de su conversación. El féretro era de fino cedro, estaba cerrado.

No tenía, como suele acostumbrarse, cubierta de cristal; sino que la tapa era toda de madera. No traía gafas, de manera que podían apreciarse sus grandes y bellos ojos azules, muy parecidos a los de su hija.

Su padre, sesentón, adusto, finamente trajeado de riguroso negro. Se lo veía físicamente vigoroso; aunque no podía ocultar un gesto de contrariedad, como quien acaba de perder una partida que siempre se empeñó en ganar.

Eran momentos de tensa calma, y al cabo de unos minutos, el padre de Ayesha a quien nunca lo ví junto a su esposa se dirigió a los dolientes en estos términos:.

Siempre fuiste un maldito arrogante. Te asumiste como mi juez, y en alguna medida como mi verdugo. A mi madre, al fin mujer, todo mi amor.

Ella siempre me comprendió. El padre de Ayesha no experimentaba aparentemente ninguna emoción, y con su rostro como de piedra, estaba muy lejos de sospechar siquiera lo que le esperaba. Después de observar por unos instantes a Ayesha, se alejó abruptamente, significando con ello, la aceptación de una derrota ignominiosa. El resto de los presentes se fueron acercando uno a uno para mirar a la muerta.

Sus reacciones fueron variadas; los hubo quienes casi se escandalizaron. En el rostro de la señora se advertía un gesto de ternura y aquiescencia, y puedo yo jurar que de regocijo. Sus cejas, marcadas en un negro exaltado, sus rosadas mejillas, y los labios finamente delineados en rojo brillante, le daban a Ayesha un aire festivo y gozoso.

La relación de Alfonsina con el Club y con la realidad era de fuga y retorno. Marcos se limitaba a cuidarla. Al igual que con Ayesha, mi presunción, o debiera decir mi certeza de que Alfonsina era una suicida en toda la línea, seguía inalterable, pues yo daba como cierto lo que el anarquista afirmó:.

Al tercer día de la muerte de Ayesha, Marcos conversaba; o mejor dicho, le hablaba a Alfonsina, pero dado que ella nada parecía entender, nada le contestaba. Su aseveración, aunque ingeniosa, me inquietó, pues sospeché en el acto que para Alfonsina el principio del fin era inminente.

Nada pude entenderle, aunque sospecho que se refería al relativo valor que el tiempo tenía ya para ellos. Otra vez me quedé yo sólo. Amanecía y yo estaba despierto, también lo estaban Marcos y Alfonsina. Nunca lo ví dormir a él, aunque no quiero significar con esto que Marcos fuese un insomne total. Ya casi había olvidado lo frías que eran sus manos.

Tal expresión me heló la sangre, pues siempre que él pronunció esa palabra, al poco la muerte se hacía presente; y como en esta ocasión Marcos me involucró, en verdad que sentí miedo. Sus palabras me emocionaron. A mí me pareció que se quedó muy corta.

Tal vez sea cierto lo que dices Leo, pero te aseguro que sin esas dos insignificantes gotas de agua, el océano estaría incompleto. De repente, Alfonsina se había convertido en filósofa, y charlaba con tanta lucidez, que literalmente me deslumbró. Los seres ordinarios y hablaba como si ella lo fuera tenemos varios Yo:. No supe qué contestar. Era demasiado para mí, aunque tiempo después me percaté de la verdad que encerraban sus palabras. Sin embargo, en esos momentos no pude avizorar tal alcance, y sólo le respondí:.

A pocos minutos de un total mutismo, y casi sin darme cuenta, nos encontramos con el basto océano, que nos daba la bienvenida con su grave y rumorosa voz. Mis sentidos se agudizaron. En tanto, las gaviotas que se exhibían en vuelos suspendidos y el límpido cielo crepuscular, evocaban una idílica estampa de paz y armonía. Marcos habló muy poco durante el trayecto. Mé indicó un sinuoso camino de terracería que bordeaba la costa. Este no era un viaje recreativo.

Yo tan sólo sabía de la atracción, o fascinación, casi hipnótica, que el mar ejercía sobre ella. Al poco de transitar sobre un camino de tierra, llegamos a una pequeña ensenada, resguardada por elevaciones rocosas, que le daban al escenario una intimidad idónea.

Nos bajamos del automóvil, y Marcos me indicó que los dejara solos. Así lo hice, y juntos se alejaron con sus pies desnudos rumbo a no sé dónde. No podía evitar sentir tristeza por lo que era para mí una pérdida. Pues Alfonsina era una alma excepcional. Me pareció que terminaba de escribir algo sobre la arena. Con la desaparición de Alfonsina, ya solamente quedaba Marcos; y aunque yo no tenía idea sobre cómo se mataría ni en qué preciso momento lo haría; una cosa era clara:.

El líder del Club de los Suicidas y yo permanecíamos callados. Mirando para donde el mar y el horizonte se hacen uno. Me sentí vigorizado, y pronto olvidé mi cansancio. Nunca lo planeé de este modo, y no sé exactamente por qué el azar nos hizo coincidir, aunque después de todo , quién soy yo para cuestionar al Destino. Sin embargo, no intentes comprender nuestras razones.

No lo olvides nunca. Recuerda que la pasión , como la alegría y la juventud, se contagian por contacto directo; de manera que mantente de buen humor todo el tiempo. Hasta aquí sus consejos. Tocó mi mejilla con sus manos tan frías como siempre, y ya no pronunció palabra. Al cabo de algunos minutos la impaciencia me venció, y me encaminé hasta donde Marcos. Lo que ví me dejó sin aliento:. Ahí estaba él, sentado en un mullido sillón de piel.

En el acto adiviné lo que sucedía, pues me bastó con mirar sus manos. El líder del Club de los Suicidas ejecutaba una variante de aquél método, aunque con idénticos resultados. De los profundos tajos de sus muñecas emergian dos pequeños torrentes de sangre, que en sinuoso cauce serpenteaban entre mis dedos.

Estaba viejo y ajado. Había una fotografía en blanco y negro de un hombre maduro, y una carta, cuyo contenido revela un secreto amargo y desgarrador. Su matrimonio fue tan efímero como un suspiro, pues duró tan sólo una noche. He aquí la historia:. Lo que pretendió ser una broma entre universitarios, se convirtió en una agresión injuriosa a la sagrada intimidad de la joven consorte.

URL de esta publicación: Elclub de los suicidas Elclub de los suicidas. Alejandro Arias Estrada Si desea comunicación con el autor puede hacerlo a través de su correo personal: Es Diciembre del año….

Qué importa el año. Estoy aquí para contar una historia extraordinaria. Y si no fuera por su caudalosa dosis de tristeza, diría que maravillosa. Soy un sobreviviente involuntario de un peculiar grupo de seres humanos que nos reunimos con el expreso e irrevocable propósito de suicidarnos.

No era un grupos cualquiera, cómo podría serlo. Nuestra meta era desaparecer. Sin considerarme viejo, digamos que yo transitaba la adultez temprana. Había abandonado la carrera de Filosofía, y poco después la de Medicina. No acertaba qué hacer con mi vida. Mi precaria e instintiva respuesta se limitaba a cuestionarme: No sabía a dónde encaminar mis pasos. Creía haber visto todos los rostros de la vida, y ninguno me gustaba.

Hasta entonces, no encontraba la verdadera amistad, ni una mujer bonita, inteligente y desinteresada No estaba seguro hasta ese momento, que tales atributos pudiesen coincidir en una misma chica.

En fin, me consideraba lo suficientemente calificado como para decidir mi destino de un golpe; así, literalmente de un golpe. Esta determinación era totalmente cierta. Era la tarde de un domingo, a finales a Diciembre. Una fina lluvia mojaba mi cuerpo, y a decir verdad, mi alma se empapaba. Caminaba, o debiera decir que deambulaba por el profundo sur de la ciudad. Casi sin darme cuenta, me adentré en un pequeño parque, arbolado y bien cuidado.

A qué referirme a nombres fechas y lugares específicos. Pues para efecto de conocer la historia que voy a contar, estos datos son de importancia marginal y por lo tanto, podemos prescindir de ellos. El de mi muerte; pero no podía dilucidar la forma, el lugar, ni el momento preciso. No tenía miedo, sólamente una sensación de vacuidad y una tristeza grande, muy grande, de esas cuyo peso es capaz de arrastrarte a la tumba. Esa idea, la de suicidarme, maduraba a grandes pasos hasta convertirse en una obseción ingobernable.

Y como si él leyera mi mente, agregó: Te invito a mi casa-. Sus grandes portones de madera, enmarcados en hierro forjado, le daban un aire de sobriedad. Entramos a una amplia estancia que bien podría tratarse del comedor, prevaleciendo en los muebles la piel y la caoba Allí, en torno a una mesa rectangular, tallada ricamente en sus bordes y pedestal, un peculiar grupo de personas departían en un ambiente cordial y de aparente camaradería. Vestía ropa oscura e informal. Excepto el hombre de mayor edad, nadie me contestó.

Él me dijo con tono afectuoso: Camaradas, por qué no se presentan ustedes mismos- De nueva cuenta fue el hombre mayor quien habló primero: Al llegar a este punto, la madura y bella mujer me dijo: Desde su silla de ruedas, el hombre enfermo todo apuntaba ello , y quien tenía un cobertor sobre sus piernas, dijo con voz apenas audible: No sé si debieras estar aquí,pero en todo caso, bienvenido- — Toca el turno al hombre de estilizados rasgos y refinado continente: En este punto, Marcos lo interrumpe: Yo estaba confundido e irritado.

Un tipo malhumorado me insultó sin que yo supiera por qué. Como si hubiera escuchado mis pensamientos, a quien nombran André, me dijo: Y haz de saber Leo, que todos hemos pasado por una dura prueba.

No entendía una palabra. De nuevo interviene Marcos: Hasta este punto ya no tenía duda sobre qué tipo de club se trataba. Lo que él decía era mortalmente serio, y el desenlace parecía ser inminente. La inercia de mis pensamientos me llevó a preguntar: El anarquista me interrumpe abruptamente: Por primera vez habló Celeste, la melancólica y hermosa mujer: El anarquista calló, aunque no pareció importarle mucho la intervención del clérigo. Marcos volvió a hablar: En este momento perdí el control, y dirigiéndome al grupo, les reclamé.

Hemos pactado por razones y voluntad propias, marcharnos de este mundo para siempre. El cómo y por qué llegamos cada uno de nosotros hasta aquí, no es importante para ti.

Después de ese pequeño discurso acerté a contestarle: Este, nuestro pequeño y ruinoso mundo se refería seguramente al club no es para él. Equivocado o no, Leo es quien debe mandar en él. En resumen- continuó Marcos, Leo no es, en mi opinión, un suicida auténtico, y por lo tanto no califica para…- No terminó éste de hablar, porque así, de improviso, y para sorpresa mía y por lo visto también del grupo; habla por primera vez la mujer que acompaña a Marcos.

Mira Leo, hasta el deseo de morir hay que sentirlo con pasión, y nada de eso hay en tí. Había roto mis esquemas. Sentí ganas de llorar. Se opuso a mi inclusión en el grupo con estas simples palabras: He aquí las inflexibles condiciones que impuso el club: Y cuando todo parecía que el pacto de sangre, con el que los juramentados suelen sellar un compromiso de honor, iba a celebrarse; ocurrió algo inusitado: Marcos rompe con la atmósfera de grave seriedad que se había generado ante la inminencia del ritual de sangre: No es tiempo de caras largas.

Por unos instantes todo fue silencio. El mismo líder es quien lee el Código: El anarquista incluye a título personal un artículo transitorio, y que decía a la letra: Marcos, pionero del Club, era cauto, directo, intuitivo y firme.

El anarquista era bien parecido, irónico, por momentos altanero y petulante; homofóbico confeso. Cuando hablaba de sí misma, lo hacía con gran objetividad. A pesar de las huellas del rudo maltrato en su rostro, nada habla sobre el asunto. Hablaba con mucha seguridad en sí mismo, y defendía con vehemencia sus convicciones. Comenzaba ahora una jornada emotiva y excitante en el seno de tan extraordinario Club. Hablaron sobre temas muy diversos, sin embargo, la charla tenía 3 hilos conductores: El sentido de la vida.

Su percepción sobre la naturaleza de la muerte. Platicaban con natural espontaneidad. Marcos inicia la velada: Marcos retoma la palabra: A mí me parece afeminado- -Elegí André simplemente porque me gusta cómo suena.

Celeste, quien se definió a sí misma como prostituta, le preguntó a André, casi con timidez: Andres respondió de inmediato: Ya para terminar, agregó: Ah, y quiero decirles que me encanta el ajedrez y la poesía; García Lorca es mi favorito. Marcos se dirigió entonces a Ayesha: Respeto mucho al suicida que llevas dentro, y por esa razón no te rompo la cara.

Un hombre enamorado de otro hombre. Ante esta controversia aparentemente insalvable, interviene Marcos: Pues yo, sépanlo ustedes, soy una mujer.

Pienso y siento como tal. Tengo alma de mujer, cautiva en un cuerpo de varón. En un punto de la conversación, André se aventura a preguntarle: En otra parte de la conversación, Marcos es cuestionado por André sobre su pasado; tema sobre el cual no quiso hablar, y sólo se limitó a responder: Este tampoco quiso responder nada sobre el particular; ante lo cual, el anarquista dijo: No olvides que aquí cada quien asume su propia batalla.

Ella no desea hablar por el momento. No me explico cómo fue aceptada en el Club. Celeste no pierde el hilo del tema, y lo cuestiona de nuevo: Pero muy a su pesar, respondió: André lo impugnó airadamente: Te exijo que retires tus palabras. Aquí no juzgamos a nadie. Marcos reacciona por fin, y sujetando con firmeza la cabeza del cura, introdujo con ayuda del anarquista un pañuelo cuidadosamente colocada entre mandíbula y maxilar del clérigo para que éste no se seccionara la lengua.

En tanto, las convulsiones espasmódicas se acentuaban, como si una fuerza suprahumana se empeñara en desmembrar al pobre hombre. Al día siguiente el grupo se reunió en pleno. André le pregunta al cura ya repuesto de su aciaga experiencia: Marcos hace a Ayesha la misma pregunta: La misma Ayesha es quien pregunta a Celeste: El asunto quedó ahí.

El cura inquiere esta vez al anarquista: Desprecio al mundo y todo lo que hay en él. En este punto, Marcos interviene para decirle al anarquista: Un ambiente de pesadumbre se advertía en el Club. Él no buscó esta salida, simplemente se topó con ella. Extrañaré mucho a la generosa vida. Debatían ahora sobre el Destino. Y a este respecto el cura comenta: Lo mío es diferente: Te has tomado muy en serio tu pobre papel de poeta- Le dijo el anarquista. El cura estructura su pregunta de una manera muy inteligente, pues bien sabe que en el Club hay ateos, agnósticos, e incluso renegados de la fé cristiana: Faltaba el anarquista, quien contestó así al cura: Supongo que la alegraría mucho Escucharlo decir: Todo esto no son sino elucubraciones, suposiciones y pura ficción.

Ni al anarquista ni a Celeste les interesó el tema. André estaba tan débil que no pudo contestar. El dolor eclipsaba su entendimiento. En cuanto a Alfonsina: Marcos habló con amplitud sobre el novedoso concepto filosófico para mí lo era: Cuando el líder del grupo terminó de hablar, el anarquista le dijo: He aquí un caso característico: No empezar la discusión. Entonces Marcos miró a sus compañeros, y como adivinando el pensamiento de éstos, alentó a su camarada en estos términos: La luz parece avivarse hasta convertirse en una llama de gran resplandor.

El tiempo se le acababa a André, so lo veía palidísimo. Su carne, casi transparente. Para él, la vida se diluía gota a gota. André, casi al límite, dice: André había sido engañado con la verdad. Al fin se había liberado de la servidumbre del cuerpo y sus pasiones. El velo de tristeza había desaparecido de su rostro. Después de unos instantes de silencio, Marcos tomala carta de André para leerla ante el grupo: A la muerte sólo se la conoce cuando se lucha con ella.

La felicidad fue un esquivo fantasma al que muy pocas veces pude verle el rostro. Puedo adelantarles queridos amigos, que la muerte entra por los ojos.

Ya me llevan de la mano, enarbolando la antorcha de la victoria. El delgado hilo de la vida se había roto. La voz del anarquista me reconecta con el veloz presente, cuando le pregunta al cura: Los hay para quienes Dios no es nada, y a eso precisamente se reduce su concepción del Señor. Te pondré un ejemplo: Su valor lo establece la manera en que te relacionas con él.

Ayesha se acercó al cura, y le preguntó: Por momentos el cura se había convertido en el centro de atención del grupo. Ayesha se aproxima hasta el cura y le pregunta: Fue en ese momento cuando me dije: Marcos, quien hasta ese momento no había participado en la reunión, dijo, como intuyendo la naturaleza del fenómeno que estaba por desatarse: Todo ocurría a una velocidad abrumadora, y muy poco antes de que las convulsiones comenzaran, el cura exclamó, mediante un esfuerzo supremo: Murió en el acto.

Y junto con él, su demonio. El cura había ganado. Y porque se lo ha ganado. Por esa razón, cuando Marcos dijo: Debo decir que soy un escéptico en materia de dogmas religiosos y esoterismo, pero lo que ocurrió esa tarde rompió mis esquemas por completo: Y en su pugna con la vida, la muerte prosperaba.

Faltaban dos de sus miembros, pues a estos les urgía partir primero. No así al anarquista, quien impugnó ferozmente su deseo: Una mujerzuela de tu calaña no puede aspirar a un semejante fin. Este miserable no vale la pena. El anarquista bajó la mirada evitando a Ayesha, y se quedó callado. Sin embargo el anarquista pareció reaccionar, y dirigiéndose a Celeste, le dijo: Después de su inesperada acción, Celeste dijo: Nosotros arreglaremos lo necesario.

En los pocos días que estuve en el seno del Club, nadie había puesto un pié fuera de la casona. A todos nos sorprendió la actitud de Celeste. Al poco de trasponer la puerta, casi inmediatamente, un rechinido de llantas estremeció al club. Temiendo lo peor, Marcos y el anarquista salieron, seguidos por el resto del grupo.

Se encontraron con una escena desgarradora: Celeste yacía en el piso muy mal herida. Marcos se le acercó antes que nadie: En un charco de sangre, Celeste protagonizaba su propio drama. Con débil voz dijo: Haciendo acopio de entereza, le preguntó: No me olvides; porque entonces habré muerto de verdad, y para siempre. Bien sabes que pronto estaré contigo.

Para ella había terminado una larga y fatigosa jornada. Hay algo, sin embargo, que debo consignar: Faltaban unas pocas horas para que Celeste fuera traída al Club. Era el medio día, y después de no ocurrir nada, salvo escuchar el ruidoso paso de las horas, Marcos se acercó hasta mí para preguntarme: Deberías saber que no fué esa la causa de su muerte. Su planteamiento me confundió. Bien sabes que ella nunca fue adicta. El anarquista, en un gesto inusitado, le ofreció sus disculpas a Ayesha: Nada hay que perdonar.

Te diré que es enteramente cierto. Estoy cansado de inventar mi vida todos los días. Los suicidas somos tan sólo una pandilla de locos aventureros, como dijo el cura. El anarquista contesta con aplomo, como si ya hubiese preparado su respuesta: Ya en tono de broma, Alfonsina, quien por primera vez adopta un tono festivo, dijo: Después de casi dos días de aparente calma, Marcos nos informó: Marcos siempre tuvo razón cuando dijo: Su contenido suscitó un leve gesto de congratulación entre los suicidas.

Todos adivinaron, esta vez no hubo sorpresa. Sólamente Marcos acudió a donde el anarquista. Los hombres se colocaban a un lado y las mujeres a otro. Habitualmente se colocaba sobre la cabeza de los anfitriones y los invitados conos de color blanco, con pomada perfumada, que las sirvientas distribuían y que era nota imprescindible de buen gusto.

Este adorno era imprescindible, disimulaba los olores de comida y cerveza y daba un aroma agradable,que los egipcios, como hemos dicho al principio sobre las flores, apreciaban mucho.

Se utilizaban sistros y crótalos menat en egipcio en honor a Hathor, címbalos de metal y arpas. La danza completaba la distracción y al igual que ocurre en las fiestas actuales, se consumían bebidas y golosinas durante el resto de la velada.

Danzarinas de la tumba de Antefoker. Comienzos de la Dinastía XII. Estatuilla en piedra caliza de un hombre con un enorme pene erecto. Puede ser un amuleto de la potencia sexual. Finales del Imperio Nuevo de Deir el-Medina. Las connotaciones sexuales de las representaciones de algunos banquetes, parecen, sin embargo, evidentes. Los invitados llevan collares de flores y las sirvientas, jóvenes desnudas, escancian bebidas. La sexualidad, desde luego, no formó parte del arte del antiguo Egipto.

Los hombres y mujeres copulando, se han encontrado en ostraka y otros graffiti. Una de las numerosas posiciones para la relación sexual que aparecen en un papiro obsceno de finales del Imperio Nuevo.

En el museo de Turín encontramos un papiro erótico de Deir el-Medina fig. Ellas llevan el sistro y el espejo de Hathor y el loto del renacimiento. Los vestidos eran confeccionados con lino que tendía a ceder, realzando cada curva del cuerpo femenino, haciendo énfasis en la sexualidad de la figura.

Parece que las representaciones desnudas de niños, intenta marcar una frontera de edad para separarlos del mundo adulto , en el cual no tuvieron sitio. A los egipcios les encantaban los adornos, llevaban anillos de oro macizo, hileras de perlas, cadenas en espiral o cintas de oro.

Anillos en forma de escudo en oro. Una sirvienta o esclava coloca el cabello de su señora. Las niñas llevaban el pelo corto o una coleta en el lado derecho de la cabeza, que cortaban al llegar a la pubertad.

Las mujeres casadas, a menudo, se peinaban dividiendo el cabello en tres partes cayendo en la espalda y sujeto con una cinta. El tipo de peinado también informaba sobre el estado de la mujer, embarazada en el parto o en la lactancia. Como los estilos artísticos también las modas cambian. La cantante de Amón Merit, esposa de Maya dinastía XIX se adorna con una peluca y sostiene en su mano el menat, con la cabeza de la diosa Hathor. Sarcófago de la reina Kawit. Una sirvienta le ofrece un pomo de ungüento mientras la abanica con una pluma de ganso.

Museo de El Cairo. En el antiguo Egipto no faltaron los productos de belleza. Para combatir el mal olor corporal, en época de calor se friccionaban varios días seguidos con un ungüento a base de terebinto e incienso, que se mezclaba con algunas semillas y un perfume, cuya composición desconocemos.

También existían recetas basadas en leche de burra. El cuero cabelludo era objeto de incesantes cuidados. Unas veces se trataba de hacer desaparecer los cabellos grises, otras evitar que las cejas se volvieran de ese color y otras de combatir la calvicie o hacer crecer el pelo para lo que utilizaban aceite de ricino.

También conocían el medio de librarse del vello superfluo. Incluso existía una receta para la mujeres que deseaban que se les cayera el pelo a una rival Papiro Chester.

Portador del sello, fue una del as funciones menos comunes de la burocracia. Los sellos servían para salvaguardar propiedades cuando existía la ausencia de cerrojos o llaves. Sus portadores llevaban el sello autorizado, con el cual evitaban la entrada, a personas no autorizadas, a las propiedades. Para el escriba todos los oficios manuales son despreciables, pero el peor de todos es el de agricultor.

Golpeado y explotado por sus señores y por los recaudadores de impuestos, robado por sus vecinos, decepcionado por la propia naturaleza y arruinado por la langosta, los roedores y por todos los enemigos. Tal es la condición del hombre del campo. Esta visión apocalíptica del campesino posiblemente no es total reflejo de la realidad, pero sí nos da una idea de la vida dura del agricultor egipcio.

Este trabajo, complementado por la ganadería, constituyó la base de la economía del Antiguo Egipto. En el tiempo de cosecha se entraba en un periodo de actividad renovada y nos han llegado bastantes representaciones de la siega de los cereales y la recogida del lino ver fig. La viticultura era una ocupación masculina y sólo en una tumba de la XVIII dinastía aparece una mujer cortando uvas. Por las representaciones, los trabajos del campo en que se necesitaba utilizar herramientas cortantes, como tijeras en viticultura u hoces en agricultura, estaban en manos de hombres, no sabemos si por una cuestión religiosa o por pura precaución.

El trabajo de molinero, parece estar en manos femeninas. A las mujeres se les entregaba el grano ya limpio de toda impureza.

El primer trabajo de la molienda, lo realizaban los hombres. Dos o tres fornidos mozos lo trituraban cadenciosamente con sus pesados mazos de dos codos de largo. A partir de ahí el trabajo es para las mujeres, las tamizadoras recogen los granos aplastados, separan el salvado, destinado a los animales y entregan el resto a las molineras. Las herramientas empleadas eran una gruesa piedra y una artesa de dos compartimentos. La molinera, inclinada hacia delante, mueve la piedra por encima del grano, echando la harina en el compartimento inferior.

Se tamiza y se vuelve a empezar hasta que tenga la finura deseada. Solamente se prepara la cantidad necesaria para el pan del día. En los cuadros los panaderos trabajan junto a las molineras.

Después de la recolección del lino labor en la que también la mujer participaba , este se preparaba para ser hilado y poder utilizarlo en el telar. En las maquetas de Meketre podemos reconocer un taller textil con todos lo necesario para este oficio. Las mujeres que trabajaban en los telares solían se sirvientas o esclavas de una hacienda en la que se tenía que confeccionar telas para los vestidos de todos las personas que integraban estas grandes mansiones.

A nivel familiar también las mujeres eran las responsables de los vestidos familiares. La tumba de Meketre, canciller de Mentuhotep I, estaba situada cerca de la tumba de su amo y, de acuerdo con los usos de la época, se construyó una rampa de acceso muy inclinada y una enorme entrada con un pasillo que se adentra en el acantilado.

Elescondite contenía una maqueta del recuento del ganado, dos mujeres portadoras de ofrendas, maquetas de carnicerías y panaderías, géneros, tejedurías y carpinterías, esquifes de pesca y la flotilla del gran hombre. Los campesinos pocas veces poseían las tierras que trabajaban. Parte de la cosecha era para su consumo, pero si era un año muy bueno podían tener excedentes. Otro tanto ocurría con los pequeños huertos familiares.

También en la producción de telas se daba el caso de fabricar una cantidad que superaba las necesidades familiares. De la venta de estos productos se encargaban las mujeres, en la mayoría de los casos el procedimiento era de trueque con productos que difícilmente se podían conseguir en sus poblados.

De los oficios de intérprete musical y del de bailarina tenemos evidencias desde el Imperio Antiguo. Representa la danza nubia denominada keskes. Las mujeres formaban grupos musicales, de baile, o de percusión.

Actuaban en los cultos del templo fig. Al principio estos grupos sólo los integraban mujeres, pero a finales del Imperio Antiguo, cantantes y bailarines varones fueron incluidos. Pintura sobre estuco de un banquete funerario. Como norma general se puede decir que la mayor diferencia entre sirviente y esclavo era que al primero le pagaba y mantenía con sus propios medios aquel que le empleaba.

Entre los servidores masculinos tenemos los escuchadores, su obligación consistía en escuchar las llamadas. Los coperos, whaw palabra que designa también un vaso, servían la mesa, actuaban como mayordomos y en muchos casos como confidentes, por lo que su labor era muy importante.

Los shemsw, que acompañaban a su señor en las salidas y cuando este se detenía desplegaba la esterilla en la que su señor podía escuchar un informe o recibir a sus intendentes; otro shemsw le llevaba las sandalias durante la marcha, cuando se detenían, limpiaba los pies de su señor y le calzaba.

Arreglo de la reina Kawit dinastía XI. El trabajo doméstico en los hogares acomodados lo hacían servidores libres o en algunos casos esclavos. Entre las sirvientas son de destacar las peluqueras, las doncellas y sobretodo las amas de cría, de las que hablaremos en la lactancia.

La gente llamada hemw o beku se les puede considerar, al menos en el Imperio Nuevo, como esclavos. La mayor parte de estos esclavos son de origen extranjero. Capturados durante una campaña victoriosa en Nubia, Libia, Siria o el desierto oriental. El señor podía alquilar o vender a sus esclavos y desde luego podía pegarles. En muchos casos recibían los golpes a los que su amo había sido condenado por un tribunal. No se conoce que clase de trabajo se esperaba de ellas, pero la omisión, precisamente de este, tiene connotaciones sexuales.

Todos los trabajadores estaban afiliados a cofradías religiosas y participaban activamente en sus fiestas, oficios y procesiones. Los salarios debían ser suficientes, pues muchos son propietarios de sus viviendas el nombre del propietario aparece regularmente grabado en los soportes de una columna de la vivienda. Tenían derecho a acudir a los tribunales cuando se consideraban injustificadamente agraviados.

Tenemos un caso de un capataz, que había expulsado a una joven obrera inexperta, que trabajaba en el taller de tejidos del estado. Denunciado el hecho, la madre de la expulsada invocó la justicia del visir y éste, a través del escriba, ordenó al capataz que readmitiera a la obrera, dando la razón a la demandante.

Algo así resulta impensable en épocas anteriores. Los monumentos privados nos muestran una importante organización a nivel social. Esta ordenación de la sociedad fue a través de grupos familiares formados alrededor de un hombre, una mujer y sus hijos. El censo tiene listas de habitantes casa por casa y a pesar de estar muy fragmentado el documento, da una filiación completa de sus propietarios..

Esta institución en el antiguo Egipto, presenta a los estudiosos, numerosos problemas. No hay testimonios de ninguna ceremonia legal o religiosa para formalizar el vínculo. Escasísismos documentos aluden a una tercera persona en la sanción del vínculo.

La primera inscrita es una estatua perteneciente al peluquero de Tutmosis III, Sebastet , en el año 27 de su reinado y dice: Un largo papiro de finales del Imperio Nuevo nos relata que una viuda, llamada Rennefer, crió tres hijos nacidos de una joven esclava a la que su marido había comprado.

Esa pareja probablemente no podía tener descendencia y compró a la joven con el fin de adoptar a los niños. En el año 14 de ese rey, otro sacerdote de Amón-Ra de Tebas, llamado Horwedja, le preguntó por una cita en Teuzoi, en las tierras de su padre el cual había sido sacerdote allí. En definitiva él preguntaba por Nitemhat, hermana de Padiaset, a la cual quería por esposa. En la actualidad cuando el padre entrega a ésta en la ceremonia religiosa, puede ser un recuerdo de la auténtica entrega, que en tiempos remotos, hacían los padres con sus hijas.

Volviendo al Imperio Nuevo, encontramos dos textos en Deir el-Medina sobre arreglos matrimoniales. En uno un hombre expone: Parece que los padres concertaban el matrimonio de sus hijas y recibían presentes de los futuros esposos, aunque desconocemos si previamente había un acuerdo entre la pareja.

Akhenaton, Nefertiti y sus hijas, bajo el disco solar, dios Atón. El llamado contrato matrimonial es conocido, desde principios del siglo VII a. Esos contratos no nos pueden llevar a conclusiones erróneas y trasladarlos a los actuales documentos matrimoniales. He dado por ti suma de dinero registrado aquí como tu shep en shemet. Cuando el hombre repudiaba a la mujer, también incluía a los hijos nacidos en su casa, por lo tanto los desheredaba. Tenemos que tomar con cierta precaución los contratos matrimoniales, ya que estos eran verbales, y hasta finales del Imperio Nuevo no se reseñaron por escrito.

El término equivalente para esposa hemet lo encontramos exclusivamente en los monumentos, a partir de la segunda mitad de la dinastía XVIII. En el curso del documento, Inksunedjem, es referida con ambos términos, hebsut y hetmet. El problema principal para la interpretación de los términos es que su aparición no es frecuente. El índice de mortalidad femenino, los partos y los frecuentes divorcios, hacen que muchas mujeres figuren como la primera esposa y por tanto muy pocas como hebsut.

Existe la teoría de la herencia del reino a través de la línea femenina, sin embargo esta teoría tiene aspectos que la apoyan y otros que la desestiman. Parece estar claro que el matrimonio de un rey con la heredera real legitimaba su condición de faraón y de ello es representativa la dinastía XVIII, sin embargo los matrimonios con mujeres de sangre no real también frecuentes, ostentan la misma consideración que los anteriores.

Los matrimonios entre hermanos, aunque innegable su existencia, no parecen tan frecuentes como la leyenda nos ha hecho creer. Entre la realeza cuando un rey no concebía varón con su esposa principal, el matrimonio de su hija heredera con su medio hermano ha tenido exponentes tan conocidos como la reina Hatshepsut con Tutmosis II.

De esta manera y tras legitimar los matrimonios entre dioses-hermanos, queda legitimada la unión entre reyes-hermanos, pues su paralelismo es sustancial a la historia egipcia. La situación familiar cambiaba substancialmente cuando el rey elegía a una joven para ser su esposa ya que la riqueza y el poder de la familia aumentaba. El matrimonio entre padre-hija no es demasiado frecuente, aunque tenemos evidencias de algunos de ellos.

En algunas ocasiones los tres son nombrados juntos. En caso de Akhenaton el matrimonio con dos de sus hijas: Meritatón y Anjesenpatón , que fueron madres a su vez de Meritatón II y Anjesenpatón II, respectivamente, existiendo demasiadas lagunas como para considerar a Akhenatón padre de las niñas.

Bintanat, en particular, hija de Asetnefret con la que aparece en algunos monumentos, fue consorte de su padre hacia la mitad de su reinado. No es probable que fuesen esposas divorciadas en cuyo caso el propietario del monumento no la hubiese colocado. Tenemos casos en los que el propietario de la tumba aparece con todas sus esposas, muertas o no, esperando perpetuar su memoria, y es difícil distinguir entre matrimonios sucesivos o concurrentes.

La mujer aparece como responsable de abastecer de ropa a la familia y de comerciar con los excedentes de la producción. Esta explicación sobre el trabajo de las mujeres es a propósito de la consideración que dicho trabajo tenía y de cómo era económicamente rentable para un hombre el tener varias esposas.

También en la agricultura, las mujeres, colaboraban intensamente como mano de obra gratuita, por lo tanto sólo en el caso de que la mujer fuera completamente improductiva, era una carga para el marido. Se conoce el caso de poligamia de un bandido que participó en el saqueo de tumbas en Tebas, durante la dinastía XX, que tuvo cuatro mujeres. Dos de ellas estaban vivas cuando el tribunal lo juzgó y el papiro nos dice: En un país donde el bastón tenía un papel importante, el marido tenía derecho a pegar a su mujer y el hermano a la hermana, a condición de no abusar.

Se castigaba el insulto. Un individuo debía comprometerse ante los jueces a no volver a insultar a su mujer, so pena de recibir cien golpes y de verse privado de todo bien ganancial compartido con ella. Unos siglos después, en la Baja Época, parece difícil que el hombre tenga una segunda mujer sin divorciarse de la primera.

Las relaciones sexuales con sirvientas o mujeres domésticas de clase inferior son frecuentes. En algunas tumbas de la dinastía XVIII aparecen niños con sus madres y que desde luego no son la esposa del propietario. El hecho de aparecer en la tumba significa que estos niños no eran repudiados ni apartados de la familia, cuya imagen ideal perpetuaba la tumba.

No hay evidencias en monumentos a cerca de la ilegitimidad o no de los hijos habidos en estas relaciones. Por los documentos del poblado de Deir el-Medina sabemos que una mujer concibió un niño de un hombre, mientras era hemet de otro, desafortunadamente no conocemos lo que ocurrió con la mujer y el niño porque el documento se refiere a la conducta del seductor, el cual fue condenado incluso por su propio padre.

Tenemos conocimiento de mujeres que realizaron segundas nupcias. Cuando a los 60 años el marido muere y deja a la esposa sin hijos, ella vuelve a casarse y tuvo ocho. Económicamente ese matrimonio, para ella, fue rentable ya que heredó propiedades del difunto. A principios de este siglo, la tumba de 3 esposas de Tutmosis III, fueron profanadas y sus antigüedades puestas en el mercado. Menhet, Mertit y Menway, nombres no egipcios con raíces sirio-palestinas. Es curioso que las tres fueran enterradas con ajuares funerarios idénticos.

Ajuares funerarios de 2 de las esposas extranjeras de Tutmosis III. Un tocado largo similar a una peluca y otro con cabezas de gacela unidas a la banda de la parte frontal.

Museo Metropolitano de Nueva York. Gran parte del conocimiento que poseemos de estos matrimonios, nos ha llegado a través de las cartas de Amarna que consisten: Sus matrimonios con Babilonia fueron: Hay que recalcar que estos matrimonios no se celebraban a nivel de estado, sino individualmente, por lo tanto no creaban vínculos permanentes que desaparecían con la muerte de los gobernantes.

Este es el caso del matrimonio de Akhenaton con la princesa de Mitanni Tadukhepa, la cual había llegado dos años antes de la muerte de Amenofis III con la finalidad de casarse con el entonces faraón. Una de ellas en el año 34 de su reinado, para sellar la paz entre Ramsés II y Hattusilis, tras décadas de hostilidades. El otro matrimonio desconocemos cuando ocurrió puede ser que la primera princesa muriese siendo reemplazada por la segunda.

Conocemos poco de las formalidades precisas para estos matrimonios, pero podemos constatar tres condiciones necesarias:. La mujeres tomaron parte de una forma pasiva en las negociaciones matrimoniales, si excluimos la participación de la reina hitita Pudukhepa que intercambió cartas y saludos con la reina Nefertari y con el propio Ramsés II.

Los tratados eran efectuados por hombres, normalmente embajadores, y el papel de las mujeres consistía en consolidar con su matrimonio las alianzas. Sobre la vida de estas princesas extranjeras en la corte egipcia no conocemos nada, ni como sobrevivieron en un país del cual desconocían las costumbres, idioma y entorno. Maathorneferura, vivió en el palacio de Miwer en El Fayum, los documentos sugieren que estuvo ocupada en la producción de telas, teniendo mucho personal extranjero a su cargo.

Las mujeres como moneda de cambio en los tratados políticos hacían prosperar el sistema creado y alimentado por varones. Una mujer casada no podía aspirar a una situación similar. El propósito del matrimonio o de la pareja era tener muchos hijos y el hombre quería estar seguro de que era el padre, especialmente cuando los hijos nacidos de esa unión tenían derechos legales de herencia.

No es sorprendente que la infidelidad femenina fuera condenada duramente y el hombre que mantenía relaciones con una mujer casada condenado colectivamente. El contacto de un hombre joven con prostitutas no estaba socialmente censurado.

Un caso legal de Deir el-Medina se abre con esta acusación: El centro de la cuestión en el caso de Paneb era la prueba extraordinaria de su depravación. La desaprobación de las relaciones sexuales de un hombre con una mujer casada, estuvieron profundamente arraigadas en la sociedad egipcia en el capítulo de El Libro de los Muertos un difunto declara: El adulterio masculino no se consideraba tal cuando no ofendía ni causaba problemas a otro hombre.

Desde principios del siglo V a. El deseo de desposar a otra mujer era causa suficiente para divorciarse los hombres. El adulterio del marido no era, que sepamos objeto de ninguna sanción. El hombre podía llevar a casa concubinas. Una estela funeraria muestra a toda la familia reunida en la necrópolis. Para el divorcio, aunque no hubiese sanción religiosa o legal, hubo tribunales con testigos. Volver a casarse era posible para cualquiera de las partes, pero las mujeres podían perder los derechos de herencia para sus hijos, lo cual hacía que estas evitasen el divorcio.

El estado natural del hombre y la mujer parece ser que es el de casado, sin embargo tenemos pruebas de que ya en el antiguo Egipto hubo hombres que optaron por no tener esposa y por lo tanto carecer de descendencia. Un fragmento de narración del Imperio Antiguo nos relata la relación homosexual entre el rey Neferkara y su general Sasenet.

Hay tan pocas evidencias de celibato femenino como masculino. Las viudas eran consideradas un grupo marginal para la sociedad al igual que los huérfanos, los hambrientos y los desposeídos de toda fortuna. Sabemos muy poco de lo que acontecía a las mujeres divorciadas, algunas se debieron casar o fueron acogidas en los hogares de otros parientes. Un ostrakón de la XX dinastía en Deir el-Medina, nos informa del intento de un padre de hacer jurar a un hombre que no va a abandonar a su hija bajo pena de recibir cien latigazos y la pérdida de todas las propiedades de la pareja.

No parece haber testimonios de la opinión social sobre la homosexualidad femenina, pero podemos deducir, que al no procrear, crearía la misma repulsión social que la masculina.

El autor de la instrucción de Ani, en el Imperio Nuevo, aconseja a sus lectores varones:. Figuras de fertilidad dedicadas a la diosa Hathor, como ofrendas votivas. Han sobrevivido restos de las viviendas de los trabajadores de las necrópolis de Deir el-Medina y Amarna, donde existían altares domésticos en los cuales se veneraba a deidades del hogar como Bes, Tawret y la diosa Hathor, por su relación con la fertilidad y el alumbramiento. En el hogar se relacionan con la continuidad de la familia en este mundo, en los templos se presentan como ofrendas votivas fig.

Figurillas de la fertilidad. Petrie Collection, University college, Londres. Hay muy pocas menciones a cerca de la menstruación. Encontramos, en escritura demótica la Historia de Setne Khaemwset en la cual la princesa recién casada, Ahwere dice: Ya entonces era sabido la necesidad del coito para producirse el embarazo, Ahwere dice: En la primera dice.

Estos test incluían la toma de temperatura, el examen del pecho, el color de la piel y el efecto de la orina en la germinación del grano, la mujer orinaba en el grano cada día, si germinaba primero la cebada era varón, si era primero el trigo era hembra, y si no germinaba nada no había embarazo.

Aunque la fertilidad fue de suma importancia en el antiguo Egipto, hay textos médicos con prescripciones anticonceptivas para la mujer, ya que no siempre eran los embarazos deseados. No existen evidencias de métodos anticonceptivos utilizados por el hombre. Sobre el parto existen tan sólo algunos jeroglíficos que lo describan. En los templos ptolemaicos se nos muestra el nacimiento de un hijo divino. Normalmente es una diosa, junto a su madre que la sostiene, con una rodilla flexionada recibiendo a su hijo.

Una historia del Imperio Medio nos narra el milagroso nacimiento del primer rey de la XV dinastía. La madre Rudjedet es asistida por cuatro diosas: Isis, Neftys, Mesnejet y Heket. Cada nacimiento es descrito de la misma manera: Entonces Mesjenet se aproximó y dijo: La implicación de los dioses en el nacimiento es una exhortación al cuidado de los niños en el parto, así como prevención de la ira divina si ese proceso no es el adecuado.

Isis representa a la madre por excelencia, Hathor es la diosa de la fertilidad sexualidad y nacimiento, y la invocaban ante la inminencia del parto al cual veían como un prolongado sufrimiento, existiendo la posibilidad de morir. Estrechamente asociado con Hathor estaba el dios doméstico Bes que con ella se ocupaba de la sexualidad y sus consecuencias: Dos hombres sostienen y ayudan a una mujer embarazada al iniciarse las contracciones del parto. Este relieve fue hallado en una tumba donde se encuentran numerosas representaciones relacionadas con.

Anjmahor, el dueño de la tumba, era un médico, y este relieve describe un caso relacionado con su oficio. A partir del Imperio Nuevo, se habilitaron unos lugares para el nacimiento, bien en un edificio construido en el jardín bien en el tejado de la casa. El propósito era, probablemente, aislar a la madre y al niño de la comunidad, una costumbre utilizada por otras culturas y en muchos lugares del mundo. Ninguna de esas construcciones ha permanecido, pero sabemos de su existencia, por varios ostraka de Deir el-Medina.

El edificio consistía en una especie de tejado sostenido por ligeras columnas de papiro, decoradas con hojas de parra. Una escena parecida la encontramos en vasos para cosméticos, los cuales podían haber sido usados para los ritos de purificación, a los cuales debía someterse la madre antes de incorporarse a la comunidad. Diosa Tweret, protectora de las embarazadas y de la infancia. Lleva un cuchillo y el símbolo Sa. El símbolo Sa garantizaba protecciónen especial en el momento del parto.

La diosa Tweret, con su combinación de hipopótamo, león y cocodrilo intenta alejar a las fuerzas del mal. Su imagen lleva a menudo el jeroglífico de protección o un cuchillo con el que alejar a los demonios. El parto fue una causa de elevada mortandad femenina como nos demuestran muchos enterramientos, por lo que no nos sorprende que tuvieran encantamientos para tratar de proteger a las futuras madres.

En uno de ellos, la muerte trata de implicar a la mujer por haber tenido tratos con ella: Este y muchos otros se repetían durante el embarazo y parto como ayuda ante el inminente nacimiento de los niños.

Figura de fertilidad, llevando la mujer a un niño en su cadera izquierda con un texto de protección para el niño. Es muy probable que gran parte de su edad fértil, las mujeres estuviesen embarazadas. Sabemos que las clases altas tenían amas de cría, bien por evitar esa preocupación a la madre, bien por la imposibilidad de ésta de alimentar al niño.

En la Instrucción de Any leemos:. El índice de mortalidad infantil también fue, en el antiguo Egipto, muy elevada, como lo demuestran enterramientos y textos de la Instrucción de Any del Imperio Nuevo. En el Segundo Periodo Intermedio o comienzos del Imperio Nuevo hay invocaciones del niño, al que se identifica con Horus niño, hijo de Isis: Los amuletos protectores se colgaban en el cuello de los niños.

La figura de una rana representaba a la diosa Heket, asociada con la infancia. El gato sentado se refería al dios solar Ra. La de un hipopótamo hembra embarazada a la diosa Tweret ver fig. El ojo de la luna que Set le robó a Horus y que luego le fue devuelto por Tot, el ojo Wadjet era un amuleto popular y se llevaría como protección contra el mal. Simboliza el poder de la luz encarnado en el dios solar Horus.

Las bandas llevaban el nombre de la mujer y en algunos casos el del niño, la supuesta efectividad se basaba en la identificación del recién nacido con Horus niño. Otra forma de protección, datada en el Imperio Medio, eran las fundas cilíndricas de encantamientos. Podían ser sólidas o huecas, adornadas con granates o con hilos y bolas de cobre. A finales del Imperio Nuevo se acostumbraba a introducir papiros con las fórmulas protectoras dentro de pequeños cartuchos cilíndricos que se colgaban alrededor del cuello de los niños.

La llamada tríada compuesta por un dios, su esposa y su hijo, se convierte en modelo absoluto. Todos los templos de Egipto se organizan en torno a una familia similar, donde el dios padre desempeña el papel principal y el dios hijo es un niño, a excepción de algunas variantes.

A los egipcios les gustaban los niños. Cuando se visitan las tumbas menfitas, amarnianas o tebanas, si se contemplan las estelas de Abydos o los grupos esculpidos veremos muchos niños. Aunque todos los hijos son bien acogidos, el deseo de tener un varón es general.

La función del hijo es hacer perpetuar el nombre de su padre. Su deber, como recuerdan las inscripciones, es inhumarlo y velar por el cuidado de su tumba. Djaw, el bastón; Sheu, el odre; Nehti, el fuerte; Shery, el pequeño; Ta-mit, la gata. La mayor parte de los padres preferían poner a sus hijos bajo la protección de una divinidad. El historiador Manetón se encomendaba al dios tebano Montu. De este modo se puede valorar el culto de algunas divinidades a través de la historia. Una vez que los padres habían elegido un nombre para su hijo éste tenía que ser registrado por la autoridad competente.

La casa de la vida era una especie de Instituto de Egipto donde astrónomos, pensadores e historiadores conservaban todo el conocimiento y trabajaban para conservar ese patrimonio. El niño de corta edad permanecía junto a su madre, que por lo general lo llevaba contra su pecho, en una bolsa colgada al cuello que le dejaba las manos libres.

Cuando crecían se les entregaba a los muchachos un taparrabos y a las chicas un vestido, también a las jovencitas se les cortaba el mechón infantil.

La entrega de estos atributos marcaba un hito en la vida de los jóvenes, es posible que ese día coincidiera con su entrada en la escuela. Entre los fellahs o entre los artesanos, el niño permanecía en casa y aprendía a cuidar los rebaños o a manejar las herramientas a fin de ejercer posteriormente el oficio para el que se había preparado.

Las hijas reales que aparecen con este faraón eran hijas de Nefertari, su esposa principal y de Asetnefret , su segunda esposa. El sexo de un hijo del rey marcaba su posición, si era varón podía suceder a su padre en el poder, si era niña no tenía expectativas de reinado ya que no se aceptaron las mujeres como faraones. Las hijas eran reinas potenciales y con la madre del rey y la esposa principal formaban la tríada de madre consorte e hija, como reflejo de la similar de Hathor, Isis y Ra.

Los varones tenían un papel muy reducido mientras vivía su padre. El mito de Horus, heredero de Osiris, era asumido por los reyes que se consideraban Horus y a su padre fallecido Osiris. La elección del heredero y las intrigas en los harenes para conseguir el nombramiento de uno u otro hijo del faraón fueron numerosas.

El complot tenía la finalidad de asesinar a Ramsés III y poner en el trono al hijo de Tiy que al ser descubierto optó por el suicidio algo que también decidieron algunos conspiradores. El papiro no nos habla del proceso a las mujeres ni del castigo que recibieron. En el Imperio Medio hay evidencias de un atentado contra la vida de Amenemhat l fundador de la dinastía XII, los estudiosos discuten si ocurrió o no.

En el Imperio Antiguo, la autobiografía de un oficial, incluye información a cerca de un proceso, en el que estuvo presente, contra una reina de Fiope l. No se habla del tipo de delito, pero pudo ser sorprendida conspirando contra el faraón o bien existe la posibilidad de un adulterio.

El reinado fue históricamente, salvo excepciones, masculino. El faraón recibía su designación mediante rituales, directamente de los dioses, de ahí su deificación. El rey permanecía entre los mundos divino y humano actuando de punto de contacto y mediador. El reinado fue transferido de padres a hijos.

Los reyes se casaban y emparentaban en la familia inmediata, cerrando el círculo de sucesión. La pregunta que nos podemos hacer es: El tocado de buitre alado nos es conocido desde el imperio antiguo y representa a la diosa-buitre Nekhbet protectora del Alto Egipto.

Nekhbet estaba pareada con Wadjet diosa-cobra del Bajo Egipto. Estos símbolos reales fueron adoptados como insignia, que tengamos conocimiento, a partir de la V dinastía y marcaron el aspecto divino de las damas reales. La utilización del ureo en solitario no aparece hasta el Imperio Medio.

Desde finales de la XVIII dinastía el ureo puede estar decorado con los cuernos de vaca y el disco solar de la diosa Hathor. También en la XVIII dinastía las reinas comenzaron a llevar el doble ureo, o sea un ureo a cada lado de la cabeza como referencia a las dos diosas protectoras del Alto y Bajo Egipto y situando en el centro una serpiente.

A partir de la XIII dinastía, las reinas aparecen llevando un par de plumas de halcón reposando en un soporte circular sobre la cabeza. Cuando la reina es representada con el ankh se la asocia o identifica con una diosa y quiere demostrar su relación como ser superior con las deidades. La primera referencia a una dama real la encontramos en la Piedra de Palermo, en relación con las dinastías I y II, al citar la Fiesta de Sokar, dios de la necrópolis menfita y asociado con Ptah.

Sin embargo, la documentación egipcia nos aporta el conocimiento de muchas otras damas singulares, a las que seguidamente presentaremos:. Dinastía I Nihotep reinado de Narmer. Una prueba interesante es una pequeña tablilla rota fig. Es posible que la dama fuera la reina de Aha; su nombre también apareció en objetos de Nagada, el emplazamiento de la gran tumba de la posible madre del rey, la reina Ahotep. La dinastía II finaliza con Jasejemuy, a través de él empieza la siguiente.

Al parecer se casó con una princesa del norte para consolidar las buenas relaciones entre los seguidores de Horus y Set. La reina se llamaba Hepenmaat, y el sello de una vasija fig.

Las épocas posteriores la consideraron como la figura ancestral de la dinastía III, de forma muy parecida al modo en que la reina Ahotep fue considerada antepasada del Imperio Nuevo. Precinto de una vasija de arcilla que, leído de izquierda a derecha: El matrimonio de Snofru con la hija de Huni habría unido los dos linajes, pero supuso una ruptura lo suficientemente importante como para que Manetón considerara que se trataba de una nueva dinastía.

Snofru era hijo de Huni, es probable que con una reina menor llamada Meresanj. Contenía un gran sarcófago de alabastro, un cofre canópico desmontado, dos sillas, una cama y una silla de mano. Si bien la madera se había deteriorado mucho en el transcurso de milenios, pudo reconstruirse gracias a una cuidadosa labor de documentación.

Había varias vasijas de oro, cobre y alabastro, así como objetos personales, como un juego de manicura de oro y 20 pulseras también de oro con delicadas incrustaciones de libélulas. Al abrirse el sarcófago se descubrió que estaba vacío, pero es evidente que la reina lo había ocupado dado que su cofre canópico había sido utilizado.

Este cofre tenía cuatro compartimentos que contenían las vísceras embalsamadas de la reina. Esta extraña situación podría explicarse dela siguiente manera: Micerinos y su reina Jamerarnebty. Obsérvese la manera en que ella rodea a su esposo con el brazo derecho y apoya el izquierdo de él. La esposa principal de Menkaure fue Jamerarnebty II, hija mayor de Jafre con su esposa Jamerarnebty, hija a su vez de Jufu y una reina desconocida.

Jentkaues, hija de Menkaure con otra reina desconocida, decidió construirse un monumento parecido. Esta hija se casó con Userkaf, primer rey de la siguiente dinastía.

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