Feminismo y prostitución prostitutas siglo xx

feminismo y prostitución prostitutas siglo xx

En muchos casos la razón resulta apremiante y obvia: Que aparezca como una opción de trabajo muestra también hasta qué punto son escasas y precarias las alternativas laborales que se les ofrece servicio doméstico, hostelería , y explica la numerosa presencia, desde hace años, de mujeres inmigrantes en la prostitución que, en buena medida reemplazan a las mujeres autóctonas que se han desplazado a otros sectores laborales. Son todas ellas razones por las que se incorporan a este trabajo y por las que muchas permanecen voluntariamente en él.

En esta consideración de la prostitución como una opción de trabajo resulta clarificador establecer la comparación con otra de las ofertas laborales que se les presenta: En los dos sectores hay una amplia demanda dirigida a mujeres inmigrantes.

Como empleadas de hogar, sus condiciones de trabajo son precarias, en algunos casos muy duras pues exigen disponibilidad horaria absoluta, control de movimientos, bajos salarios y menos derechos de los que disfruta el resto de trabajadoras y trabajadores. Se puede concluir también que el reclamo para realizar este tipo de trabajos es bien sencillo: La capacidad de todas las mujeres para formular sus necesidades y derechos, que el feminismo preconiza e impulsa, se niega por principio a las prostitutas desde las posiciones abolicionistas.

La prostitución por tanto es un trabajo en el que las mujeres realizan una transacción económica vendiendo, no su cuerpo, sino servicios sexuales a cambio de dinero. Y en una sociedad donde el trabajo es la principal vía de integración social, negarles su condición de trabajadoras no sólo las despoja de su condición de ciudadanas sino que refuerza hasta el límite su exclusión y marginación social: Pero no es un trabajo como otro cualquiera.

No lo es no sólo por la dureza que comporta en todos los sentidos: Si fuera así no se explicaría el tratamiento sustancialmente distinto que se da respecto a algunas relaciones no comercializadas, puesto que las pautas de comportamiento no se alejan mucho unas de otras: Pero no es un trabajo como otro cualquiera ya que las mujeres, por ser trabajadoras precisamente del sexo, suman a todo ello los abusos y menosprecio de la propia sociedad debido a la doble moral que se practica.

Representa a la mujer provocativa, promiscua, que manifiesta abiertamente su sexualidad, que transita la noche. Y por lo que supone de ruptura con el estereotipo femenino, y de denuncia de la hipocresía social, se las identifica como un grupo aparte de mujeres al que se estigmatiza, se marca. Su triste muerte, el pasado mes de noviembre, ha dado paso a la desaparición del personaje y al nacimiento de la leyenda.

Algunas de las personas que mejor la conocieron comparten ahora sus recuerdos con Píkara. Este artículo se enmarca en la sección de libre publicación de Pikara, cuyo objetivo, como su nombre indica, es promover la participación de las lectoras y lectores. El colectivo editor de Pikara Magazine no se hace responsable ni del contenido ni de la forma de los artículos publicados en esta sección, que no son editados.

Puedes mandar el tuyo a participa pikaramagazine. Rogamos claridad, concisión y buena ortografía. Ya se acerca el final de este año cargado de muchas novedades. Para celebrarlo, queremos hacer honor al trabajo maravilloso de las personas que os habéis animado a escribir para Participa. Por ejemplo, el aumento de la prostitución, que se nutrió de la miseria urbana y desprotección social de las mujeres. Describió amargamente los mecanismos de engaño y captación de mujeres jóvenes.

Este acceso depende del capital del que se disponga, así que se trata de una cuestión intrínsecamente relacionada con el reparto desigual de la riqueza. Como ocurre a las abolicionistas hoy día, fueron acusadas de puritanas. A mediados del s. XX se publicó El Segundo Sexo. S imone de Beauvoir analizaba ahí la consideración social de las mujeres, incluyendo la prostitución y contemplando la vieja figura de la hetaira.

Feminismo y prostitución prostitutas siglo xx -

Rafael Narbona - Viaje a Siracusa. XIX pudieron dar cuenta de cómo aquellas transformaciones habían afectado a las mujeres. Por supuesto, la prostituta desea, en el sentido relevante, tener la relación sexual condicionada a que se reciproque por parte del cliente con el precio acordadoaunque no obtenga placer. El coito es la expresión pura, esterilizada y formal del desprecio de los hombres a las mujeres [ Murphy, por su parte, añade otra justificación para castigar la violación de una prostituta: Cuando la sororidad se rompe y el patriarcado gana es sobre todo cuando en la ecuación existe una persona que se dedica al trabajo sexual. Así como uno tiene derecho a pedir, el otro tiene el derecho de no hacer nada de lo pedido. El mito de la libre elección. Algunas de las personas que mejor la conocieron comparten ahora sus recuerdos con Píkara.

En contextos de feminización de la pobreza global, es previsible que muchas mujeres se planteen el dilema de si ejercer la prostitución o alquilar su vientre. También la suya, como sobreviviente. Este es el punto de partida del planteamiento de un testimonio que se encuentra en posición de reflexionar acerca de su propia experiencia como cliente del trabajo sexual.

Un personaje lumpen e icónico que, gracias a la fuerza de Internet, sigue despertando hoy día pasiones también entre jóvenes que ni siquiera habían nacido cuando ella se hizo popular. Su triste muerte, el pasado mes de noviembre, ha dado paso a la desaparición del personaje y al nacimiento de la leyenda. Algunas de las personas que mejor la conocieron comparten ahora sus recuerdos con Píkara. Este artículo se enmarca en la sección de libre publicación de Pikara, cuyo objetivo, como su nombre indica, es promover la participación de las lectoras y lectores.

El colectivo editor de Pikara Magazine no se hace responsable ni del contenido ni de la forma de los artículos publicados en esta sección, que no son editados. Actualmente encontramos voces defensoras de la prostitución como salida laboral para las mujeres con pocas alternativas. El debate sobre prostitución no es nuevo dentro del feminismo. Esta vieja institución socio-económica ha atravesado sin problemas los sucesivos sistemas políticos, culturales y de producción que se han dado a lo largo de la historia.

XVIII feministas e ilustradas -como Mary Wollstonecraft u Olympe de Gouges - asistieron al acontecer del nuevo orden social ligado a la eclosión del capitalismo industrial.

A inicios del s. XIX pudieron dar cuenta de cómo aquellas transformaciones habían afectado a las mujeres. Habían sido excluidas de los grandes discursos filosóficos de la igualdad que motivaron y legitimaron ideológicamente los cambios sociales, políticos y económicos, pero sufrieron todas las desventuras que la acumulación de capital produce.

Se puede concluir también que el reclamo para realizar este tipo de trabajos es bien sencillo: La capacidad de todas las mujeres para formular sus necesidades y derechos, que el feminismo preconiza e impulsa, se niega por principio a las prostitutas desde las posiciones abolicionistas. La prostitución por tanto es un trabajo en el que las mujeres realizan una transacción económica vendiendo, no su cuerpo, sino servicios sexuales a cambio de dinero.

Y en una sociedad donde el trabajo es la principal vía de integración social, negarles su condición de trabajadoras no sólo las despoja de su condición de ciudadanas sino que refuerza hasta el límite su exclusión y marginación social: Pero no es un trabajo como otro cualquiera. No lo es no sólo por la dureza que comporta en todos los sentidos: Si fuera así no se explicaría el tratamiento sustancialmente distinto que se da respecto a algunas relaciones no comercializadas, puesto que las pautas de comportamiento no se alejan mucho unas de otras: Pero no es un trabajo como otro cualquiera ya que las mujeres, por ser trabajadoras precisamente del sexo, suman a todo ello los abusos y menosprecio de la propia sociedad debido a la doble moral que se practica.

Representa a la mujer provocativa, promiscua, que manifiesta abiertamente su sexualidad, que transita la noche. Y por lo que supone de ruptura con el estereotipo femenino, y de denuncia de la hipocresía social, se las identifica como un grupo aparte de mujeres al que se estigmatiza, se marca. Pero también supone una desvalorización que se extiende a toda la vida de la mujer que queda así subsumida en la categoría de prostituta.

No es casual por tanto que esta estigmatización social sea lo que muchas identifican como el principal problema a combatir. Aspiramos a una sociedad donde las relaciones no estén mercantilizadas, no existan instituciones opresivas ni estereotipos adscritos a cada sexo, ni relaciones de poder entre hombres y mujeres, entre el Norte y el Sur; donde la sexualidad la ejerzamos desde relaciones libres.

Así, contra el estigma y la discriminación defendemos el reconocimiento de las trabajadoras del sexo como sujetos de derechos de ciudadanía y, por tanto, sociales y laborales. Esto significa, en primer lugar, su derecho a ser escuchadas, a definir sus problemas en su propio lenguaje.

Y por tanto apoyar a los colectivos con los que trabajan, como entre otros Hetaira en Madrid o Licit en Catalunya, en la línea por todas compartida de ir articulando alianzas entre las mujeres.

feminismo y prostitución prostitutas siglo xx